SALTA: MANDAN A SIETE PRESOS A SUS CASAS POR FALTA DE LUGAR EN LAS CELDAS
El juez federal de Orán ordenó que cinco mujeres y dos hombres detenidos por narcotráfico se fueran a sus casas ante la situación de hacinamiento que sufrían en los calabozos de los escuadrones 20, 52 y 54 de Gendarmería. Esos presos cumplirán a partir de ahora arresto domiciliario. Además, el juez Raúl Reynoso reubicó a otros 23 detenidos, la mayoría mujeres, en cárceles de Salta y Jujuy.
El juez Reynoso tomó la decisión ante un hábeas corpus correctivo interpuesto por el fiscal federal José Bruno y el defensor oficial Héctor Anticaglia, en favor de presos hacinados, como en Aguaray, donde cinco mujeres debían dormir en el piso.
Ante esta situación, el juez solicitó a los procuradores Osvaldo Oscar Zacoutegui y Jorge Luis Avila, que “alguien colabore con camas, colchones, artículos de limpieza e higiene y cualquier elemento que estimen necesarios e imperiosos para los detenidos” en su jurisdicción.
La mayoría de los presos están acusados de tráfico de drogas y no reciben visitas porque sus familiares viven lejos. El juez les dio 100 pesos del dinero del dinero que se les secuestró cuando fueron detenidos, para que puedan comprarse elementos para el aseo diario.
En la presentación del hábeas corpus, el fiscal argumentó que “si no existe establecimiento que pueda albergar en condiciones dignas a las internas, se debe disponer su libertad, pues, la decisión contraria admitiría que el Estado continúe ejecutando una privación de libertad ilegítima en su forma de ejecución”.
La resolución para trasladar a los presos involucró a 23 internos (13 mujeres y 10 varones) que fueron reubicados, las mujeres en una cárcel de Jujuy y los hombres en otra de Salta capital.
En el punto VI de su resolución, el juez otorgó la prisión domiciliaria a otras cinco mujeres y dos varones “como una solución provisoria a la problemática del hacinamiento”.
“Una de las detenidas, por citar un ejemplo, tiene una hija discapacitada y los psicólogos determinaron que la nena depende del cuidado de su madre. No puedo hacer sufrir a esa criatura”, señaló el juez a Clarín.
En el Escuadrón 20 de Gendarmería, el comandante Nicolás Guzmán le permitió a Clarín, ver los calabozos masculinos y femeninos: “A los detenidos no les falta comida”, aclaró Guzmán, pero reconoció que no se les entregan medicamentos por una deuda de 1.600 pesos con la farmacia que los provee. “Lo que hacemos es pedir remedios en el hospital, y así salimos del paso”, explicó.
En el interior de una cuadra hay un pasillo donde se ven seis marcos sin puertas: son los calabozos de los varones y en cada uno de ellos hay una cucheta triple de cemento. “Esto no será un cinco estrellas, pero es lo que hay” dice un joven acostado en la parte más alta de la cucheta.
Los dos calabozos para mujeres no están mejor. Allí las cuchetas son de madera y por todos lados hay ropa amontonada.
“Más allá que estas personas hayan cometidos delitos, no pueden estar así hacinadas porque aquí se carece de una alcaidía federal”, señaló el juez.
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