SALUD Y LARGA VIDA PARA BLUR
Una de las presencias más esperadas entre la vorágine de música británica que inunda el cartel del Festival Internacional de Benicàssim (FIB) era Blur. Con su regreso, los ingleses —portaestandartes de aquello que se denominó britpop—, que acaban de publicar Think tank (EMI), tiran por la borda la rumoreada disolución de la banda. No había para menos, puesto que han sido cuatro años sin ningún disco desde 13, al margen del recopilatorio Best of Blur (2000).
Pocas horas antes de subir al escenario, fueron Alex James y Dave Rowntree, bajo y batería, quienes certificaron la buena salud de la banda, diez años después de llegar a la cima de la popularidad con Modern life is rubbish. Un certificado autentificado en la madrugada de ayer por las cerca de 35.000 personas que abarrotaron el Escenario Verde del festival valenciano.
“El grupo tuvo que superar que Graham Coxon, que para mí es el mejor guitarrista del mundo, decidiera abandonar la formación. Una decisión así siempre es dolorosa, aunque sea lógica en cualquier colectivo, pero la verdad es que existe una relación de amistad entre nosotros”, explica James. Sin embargo, esta ausencia (o expulsión) “ha significado también que ahora seamos más ambiciosos musicalmente; de hecho, siempre hemos pretendido abrir nuevas sendas de expresión, pero quizás ahora sea diferente… bueno, ahora también somos bastante mejores músicos”, confiesa por su parte Rowntree.
“Hubo un tiempo en que dudamos de seguir adelante, pero nos reunimos y las ideas volvieron a fluir, incluso con más fuerza.” El resultado fue este Think tank, que es “algo más sofisticado que nuestras obras anteriores pero con una estructura muy simple; no sé, supongo que pesaba sobre los tres cierta obsesión por romper con la imagen de grupo de éxitos planetarios. Ni entonces ni ahora ha sido esa nuestra razón para hacer música. El éxito agrada porque es reconocimiento, pero vivir dependiendo de él es una gran estupidez. Blur existe porque creemos que, además de hacer buenas canciones, tenemos cosas que decir en un panorama musical repetitivo, banal y escaso de ideas.”
El peso y la imagen del grupo británico sigue siendo, no obstante, propiedad privada de su vocalista, el imprevisible Damon Albarn, ya sea por sus legendarias trifulcas con los hermanos Gallagher de Oasis o por sus recientes y encendidas diatribas contra la política de su gobierno. “Cada uno de nosotros tiene sus propias opiniones, y en el seno del grupo nunca hablamos de la política del día a día. Es más, no creo que los grupos conocidos como Blur tengan una responsabilidad especial a la hora de denunciar lo que nos rodea. La gente compra nuestros discos y nos aclama, pero no somos ni mesías ni profetas. El modelo ideal de político sería Jesús, y como eso no puede ser ¡que se joda la política!”, exclama Alex James, matizado a continuación por su compañero: “Que Damon opine libremente sobre aquello que no le gusta es lo más normal del mundo; que un grupo haga cambios, también lo es, pero en nuestro caso todo se ha deformado de forma demencial”.
En fin, que hasta el bajista de Blur ha sufrido una perceptible transformación en su vida personal y en sus excesos etílicos. “Eso ha quedado atrás, el haberme casado ha trastocado de arriba abajo mis prioridades. ¿Es eso madurez? Puede, pero tener la música como único objetivo en tu vida es francamente aburrido”.
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