SALVAJE PALIZA DE PATOVICAS A UN JOVEN
Fue el domingo, cerca de las cuatro de la madrugada. Un grupo de personas, en apariencia patovicas, lo tiró de una escalera y lo golpeó en el piso. Le quebraron el tabique nasal, una mano y le arrancaron un diente
La víctima no tiene cobertura de una obra social y se tiene que someter a una operación.
Un joven de 20 años denunció que el domingo a la madrugada fue golpeado por personal de seguridad de un boliche del Patio de la Madera, que lo agredió sin motivo aparente cuando bajaba una escalera para ir al baño. Terminó con el tabique nasal y una mano quebradas y perdió un diente, por lo que deberá ser operado y perderá días de trabajo (se dedica a repartir lácteos, según indicó su madre, para quien el chico pudo haber sido confundido con otro, ya que nunca antes había concurrido a esa discoteca).
La mujer, que se identificó como Mari, se quejó también porque uno de los patovicas retiró al muchacho, inconsciente, y lo hizo atender en una ambulancia estacionada en el exterior, que aún no puede determinar de qué servicio se trata. “Le pusieron una inyección, que no sabemos cuál es, y parece haberlo dopado más”, contó Mari, de 40 años. “No lo llevaron a un hospital sino que lo mandaron para mi casa, con el amigo con el que había ido y una parejita de conocidos que se encontraron y lo auxiliaron”, agregó.
Lesiones en el boliche
Lo primero que hizo la mujer fue radicar una denuncia por lesiones en la comisaría 6ª, donde mañana declararán todos los custodios del boliche. Luego llevó a su hijo Omar al Heca, donde le diagnosticaron traumatismo facial y lo mantuvieron unas horas en observación por el desmayo que había sufrido. Ayer se recuperaba en su domicilio de zona sur, aunque ya es un hecho que deberá pasar por el quirófano, situación que preocupa a la familia porque Omar carece de obra social.
Según el relato de la víctima, todo comenzó a las cuatro menos cuarto, 45 minutos después de que entrara al local en compañía de un vecino. Era la primera vez que asistía y no sabía dónde quedaba el baño. Le indicaron que debía bajar una escalera hacia el subsuelo y cuando lo estaba haciendo recibió un golpe en la nuca que le hizo perder el equilibrio y caer rodando.
Ya en el piso comenzaron a patearlo en la cabeza. “Él atinó a taparse la cara así que no pudo ver quiénes le pegaban ni cuántos eran, pero sí que vestían de oscuro y tenían corbata”, explicó Mari.
Confusión y locura
Cuando fue atacado, Omar estaba solo. No lo rodeaba ningún grupo, ni siquiera su amigo. Así que la agresión luce inexplicable, de allí la conjetura de que lo confundieron con otra persona. Lo cierto es que le hicieron perder el conocimiento y lo condujeron a una ambulancia que estaba en la puerta. La investigación deberá precisar si la unidad ya estaba allí o fue llamada por los responsables del boliche. “Cuando reacciona estaba dentro de la ambulancia, le pusieron una inyección y lo mandaron para la casa después de hacerle firmar un documento al amigo”, siguió la madre, que lo recibió en precario estado a las cuatro y media de la madrugada.
“Le arrancaron un diente de cuajo y tiene otro flojo, además de la mano y la nariz quebradas”, resumió Mari, que tiene además otros dos hijos.
La causa quedó en manos del juez correccional Juan José Alarcón. Esta mañana Omar será revisado por un médico policial que determinará la entidad de las lesiones, en tanto comenzarán a desfilar por la seccional los patovicas del boliche. Es que los agresores no están identificados y al parecer la víctima tampoco podría reconocerlos. Según declaró en su denuncia, los atacantes serían entre tres y cuatro.
Aquel curso sobre derechos humanos
Desde hace un lustro está en vigencia una ordenanza aprobada por el Concejo Municipal, por iniciativa de la entonces concejala radical Adriana Taller, que establecía un registro para los patovicas, quienes además debían realizar un curso de derechos humanos. Aunque nada de esto se cumplió. Taller recordó ayer por Radio Dos que “fue un paquete normativo con varias ordenanzas. Una era la identificación de aquellos que tienen a su cargo mantener el orden dentro de las confiterías bailables, para saber quién es la persona que a veces se está excediendo. La otra norma era un curso que se debía realizar, con el objetivo de involucrar a estas personas en la práctica real del respeto de los derechos humanos”. Mientras tanto, sigue a la espera de tratamiento en la Legislatura un proyecto de la Secretaría de Derechos Humanos que apunta a regular la actividad de los patovicas, dentro de una norma general que apunta a los empresas de seguridad.
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