San Juan Bautista
Juan Bautista Vairoletto está enterrado en el cementerio de Alvear, a 20 kilómetros del lugar donde se pegara la última bala, según lo amerita la leyenda, para ser su propio matador y que nadie pueda contar que fue el que se cargó a Vairoletto. Cerca queda
Carmensa, el otro pueblito, más pequeño, de trabajadores de la tierra, que lo apañó en sus últimos días.
Para llegar a Carmensa hay que salirse unas cuadras de la ruta 143. Yendo de norte a sur, a la izquierda de la ruta. En ese pago, todos sabían que Juan Bravo era Vairoletto. Y lo encubrían, por buen vecino y por justiciero. Dicen que iba en carro –en ese mismo carro que todavía subsiste casi deshecho en el lugar de su muerte- a vender el tomate de su cosecha. Y que lo querían mucho.
No como el Ñato Gascón, su ex secuaz que lo delató solamente para limpiar su prontuario. Y en Carmesa y la zona, es San Juan Bautista. Hace un tiempo se creó una Comisión que le rinde homenaje permanente. También se ha encargado este grupo de vecinos de reconstruir su rancho, más o menos del modo en que se encontraba en 1941. Y el busto que le erigieron en ese sitio fue obra de la Asociación Gaucha del Sur Mendocino, que le colocó en una placa “en memoria del amigo de los humildes”.
Por eso es común que alguna gente camine los 20 kilómetros que separan Carmensa de Alvear, para llevarle flores al cementerio, o que se acerque hasta el paraje del día fatal, para dejar en el rancho leyendas o agradecimientos por milagros del San Juan Bautista. Es curioso ver allí una bandera de Pico Truncado, de la provincia de Santa Cruz, un lugar que apenas era territorio nacional, ni siquiera provincia, cuando el revólver de Vairoletto mandaba en las pampas.
También se puede apreciar un yeso de un niño pequeño, o fotos y cartas dispares. Flores, muchas flores. Y el recuerdo de un número indefinido de personas, que varía según el fanatismo de quien lo cuente, que jura que se movilizó cuando pidieron que se les entregara este predio para un santuario, que en 1975 proyectó el vecino Héctor Di Paolo.
Justamente allí, donde Vairoletto vivió y murió, hay un campo que era de familias acomodadas de la zona. Juran que Juan Bautista lo consiguió porque salvó en una elección a un caudillo radical de que lo mataran. El hombre, influyente, en agradecimiento, le consiguió el lugar que le resultara a la postre su último asentamiento.
Otros también se lo pasan agradeciendo, pero después de muerto, como María, una señora que lo conoció y mañana va a contar. Esperemos.
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