SAN LORENZO: IDENTIFICAN TRES CADÁVERES EN UNA FOSA CLANDESTINA
El titular del Juzgado Federal Nº 4, Germán Sutter Schneider, que tiene a su cargo la causa caratulada como “Averiguación de la Verdad Histórica en el Cementerio de San Lorenzo”, habría recibido un informe con la identidad de tres personas cuyos restos fueron hallados en una fosa común en la necrópolis de esta ciudad, donde se produjeron enterramientos clandestinos durante la última dictadura militar.
Si bien todavía no existe un informe oficial, y a diferencia de sus antecesores Sutter Schneider se maneja con gran hermetismo, La Capital pudo tener acceso a fuentes inobjetables, que le confirmaron que luego de varios meses de trabajo el Equipo Argentino de Antropología Forense —en base al banco de datos de familiares de personas desaparecidas— pudo identificar a tres de los cuerpos hallados en el predio y que estarían muy avanzada la investigación sobre otros cinco casos más.
La identificación de los cuerpos se realizó en el laboratorio Lidmo, de Córdoba, el mismo que hace poco logró establecer la identidad de Azucena Villaflor, fundadora del movimiento Madres de Plaza de Mayo que fuera secuestrada y asesinada a principios de la dictadura, cuando empezaron las rondas en la Capital Federal.
Si bien las fuentes consultadas no proporcionaron lo datos de filiación de los restos estudiados, se pudo saber que se trata de tres hombres, de unos 19, 22 y 26 años, y que en todos los casos habrían tenido una muerte violenta. Según indicó un informante, los familiares de al menos una de esas víctimas serían querellantes en la causa del cementerio de San Lorenzo, teniéndose algún grado de certeza sobre que esas personas habrían sido secuestradas en esta zona del cordón industrial.
Asimismo, dijo que de ahora en más restan una serie de diligencias judiciales que culminarán con la restitución de los cuerpos a sus familiares. Además adelantó que en las próximas horas la investigación podría encaminarse a realizar más excavaciones en otros puntos del cementerio sanlorencino, donde también se habrían producido otros enterramientos similares.
La fuente también recordó que una vez efectuado el primer hallazgo de restos humanos en el ángulo noreste del predio, cercano al incinerador, donde la mayoría de los testimonios presentados ante la Justicia Federal coincidieron en la existencia de una fosa común, en poco tiempo se pudo determinar que se trataba de personas jóvenes o mediana edad, las cuales habían tenido una muerte violenta. Incluso, el dato más firme que consta en la causa es el que uno de los cráneos recuperados tiene dos orificios, que podrían corresponder a la entrada y la salida de un eventual impacto de bala.
La causa
Luego de una denuncia realizada en diciembre de 2002, la Justicia Federal empezó a investigar la posible existencia de una fosa común clandestina de la época de la dictadura militar en el cementerio de San Lorenzo.
El primer testimonio data del 10 de diciembre de ese año y corresponde a una mujer que denunció un hecho sucedido en ese lugar durante el invierno de 1976, en momentos en que ella se encontraba una tarde visitando la tumba de un familiar y observó que un grupo de hombres con ropas militares arrojaba bolsas de gran tamaño en un pozo bastante amplio. El hecho habría ocurrido en el ala noreste de la necrópolis, cerca de donde hoy está construido un incinerador.
Por los acontecimientos que se vivieron en el país en esa época, el miedo se apoderó de la mujer e hizo que guardara silencio durante años, hasta que decidió presentarse ante el juez y contar lo que había presenciado. Desde aquella primera denuncia muchos fueron los trascendidos en torno al caso hasta el hallazgo y muchas las versiones sosteniendo que se trataba de una fabulación sin sentido. Sin embargo, el tiempo y las investigaciones demostraron todo lo contrario.
Luego de ese testimonio presentado en el Juzgado Federal Nº4, por entonces a cargo de Omar Digerónimo, se presentaron ante el magistrado varios testimonios más que eran coincidentes en el mismo sentido. A partir de ese momento y con un cúmulo de información se inició la investigación que permitió la localización y la apertura de la mencionada fosa común.
Después de una ardua tarea, que incluyó la participación de un grupo de geólogos de la Universidad de San Luis para determinar el lugar exacto de los movimientos de tierra, el 1º de junio de 2004 se hallaron los primeros restos óseos a unos noventa centímetros de profundidad. Con la continuidad de los trabajos se logró determinar la existencia de ocho cuerpos, lo que confirmó los datos aportados por los testigos y sustentó a la diligencia judicial.
Posteriormente, ya sobre finales de 2004, cuando el juez Carlos Vera Barros reemplazó a Digerónimo en el juzgado, se conoció que en el sector de los trabajos se descubrieron restos de 33 personas, de los cuales se lograron reconstruir 15 cuerpos completos, mientras que de otros 18 sólo se hallaron algunas partes.
Hoy, lo que en su momento parecía una utopía se está transformando en una triste y dolorosa realidad que además empieza a tener nombre y apellido.
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