SAN LORENZO NO DEFINIÓ Y CHICAGO NO LO PERDONÓ
No gana el que quiere, sino el que sabe ganar. San Lorenzo brilló por pasajes anoche en el Nuevo Gasómetro, pero no supo ganarlo. En el segundo tiempo no logró liquidar el partido. Tuvo varias ocasiones y las desaprovechó. Pagó un altísimo tributo, porque en una de las últimas jugadas, sus defensores tiraron mal el achique y Tilger no los perdonó. Es así este Chicago modelo 2004 bajo la batuta de Madelón. Lucha, muerde, se cae, se levanta, no se rinde y aprovecha hasta la más mínima oportunidad. Por eso sigue invicto. Ayer se llevó un empate. Un premio, al cabo.
Apenas iban 8 minutos y la puesta en escena de San Lorenzo tuvo un tiempo para la improvisación, para que el talento aflorara luego de un pasaje a puro vértigo. Un imaginario manual de la gambeta debería contar con un capítulo especial, recomendado para una minoría y destinado a advertir que muy pocas veces un jugador podrá superar a tres rivales con apenas un toque. Pero al mismo tiempo, en ese mismo capítulo, se debería instar a quienes se sientan capacitados a hacerlo, a probar, a insistir, a jamás renunciar a jugar. Leandro Romagnoli es un futbolista especial, que a veces sorprende armando jugadas sólo recomendadas por manuales imaginarios. Lo demostró anoche al hacer pagar a tres rivales con apenas un toque corto. Los superó y su centro cruzado fue convertido en gol por Damián Luna. Sí, el pibe Luna gritó su primer tanto en el campeonato y con la camiseta número 9 que heredó de Alberto Acosta. Una jugada impactante, que culminada en gol multiplicó su belleza. Un reto para los que gustan analizar el fútbol sólo desde un costado pragmático. El sum mun para los que, como Néstor Gorosito, sólo piensan en jugar bien y no renuncian a hacerlo.
Tres minutos después, fue Nueva Chicago que entró en escena. A su manera, con sus convicciones, con su nueva filosofía de dar pelea, tras haber dejado atrás viejos complejos y con la consigna de jugar bajo el influjo de una etapa superadora. Como le ocurrió a la defensa de San Lorenzo en dos goles del 0-4 contra Racing, el empate llegó de un córner. Centro, Testa la desvió y Mandra la empujó.
Fueron dos tantos ubicados en las antípodas por su concepción. Dos goles que le brindaron al partido el soporte emocional que marcó el ritmo. Entonces se dio un ida y vuelta permanente y hubo llegadas en ambas áreas.
Hubo también un tiempo para la polémica cuando Claudio Martín le anuló un gol a Damián Luna a instancias del segundo línea. Cobró posición adelantada del delantero cuando dio toda la sensación de que en realidad estaba habilitado por apenas unos centímetros.
Sobre el final del primer tiempo, Romagnoli, el mejor jugador de la noche, frotó otra vez la lámpara. Se sabe, no hay sólo gambetas mágicas en sus botines. También existe una pegada precisa y letal. Tiro libre, palo y gol.
En el segundo tiempo San Lorenzo controló el partido y dominó a su rival. Siempre bajo la conducción de Romagnoli, al amparo de sus gambetas o de sus disparos. Pero no lo liquidó y Tilger, este Tilger del Chicago 2004 no los perdonó.
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