SAN LORENZO PROLONGÓ EL MAL MOMENTO DE RIVER
Vaya arranque en el Monumental. De esos que no dan respiro. Indefectiblemente hay que detenerse en el minuto dos de juego. River, en su primer intentó, probó por la derecha y gritó Bingo. Lucho González picó justo cuando la defensa salía y quedó habilitado, pero desde un ángulo muy cerrado. Le dio fuerte hacia atrás y el arquero Ramírez la mandó adentró con su propio pie. Un regalito que le vino muy bien a River.
San Lorenzo, sin embargo, no se inmutó. Al contrario, se adelantó sobre los dos laterales y de a poco empezó a sacar a la luz los grandes problemas defensivos que tiene el equipo de Astrada. Nueve minutos se jugaban cuando Zabaleta picó en profundidad, con sus marcadores atornillados al piso. El volante tuvo tiempo de acomodarse, de levantar la cabeza y darle abajo.
El empate parcial entonó a los de Veira, que mantuvieron la postura ofensiva y pudieron gritar el segundo. Otra vez Zabaleta encaró muy decidido, los defensores ni le respiraron y sacó un derechazo a quemarropa, que rebotó en el parante del arco, cuando Costanzo no tenía otra que rezar.
A esa altura, San Lorenzo era más y sus hinchas se entusiasmaban. Porque Romagnoli manejaba los hilos y sus compañeros le respondían. Para colmo, River seguía jugando tan mal como en las últimas semanas. Marcaba con dudas y no atacaba. Los intentos pasaban por arranques individuales, como ese derechazo a la carrera de Gallardo, que el arquero Ramírez (empezó muy nervioso) no pudo retener en un tiempo y casi Salas aprovecha el rebote.
Empujado por su gente y, sobre todo, por su amor propio, River agarró la pelota poco después de la media hora y obligó a que San Lorenzo se replegara. Gallardo se puso el equipo al hombre y Patiño trató de secundarlo. Justamente, Gallardo la cruzó muy bien de izquierda a derecha, los defensores de San Lorenzo quedaron a contrapierna y Patiño, muy cerca del arco, le dio con alma y vida. Parecía gol, pero Alvarez tapó en el camino al arco.
En los minutos finales, el primer tiempo tuvo un ida y vuelta bárbaro. Fue fundamental la postura de San Lorenzo, que salió cada vez que encontró un hueco. Romagnoli, por ejemplo, habilitó por la izquierda a Herrara, quien sin ángulo metió el puntazo bajo, pero Costanzo le achicó bien.
El segundo tuvo más ritmo. River tenía claro algo: el empate no le servía. Mucho menos la derrota. Fue, entonces, decidido a lograr la diferencia. A los empujones y con la pelota por el aire. Sumó gente en ataque y se descuidó atrás. Ahí San Lorenzo hizo su negocio. Lavezzi le dio como venía y la clavó arriba. Golazo para un partido sin respiro. Tuvo otra gran chance, cuando el árbitro Baldassi cobró un penal inexistente, que Romagnoli desperdició.
Previsible, River iba a dejar todo en los minutos finales. Intentó, a puro centro, y con su gente desesperada. San Lorenzo, en cambio, se agrupó atrás hasta escuchar el pitazo del árbitro. Ahí se cruzaron los estados de ánimo. Alegría para unos, caras largas para otros.
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