SAN LORENZO Y LANÚS QUEDARON A MANO
Justicia. Ni más ni menos que de eso se habló en el Nuevo Gasómetro. Porque Lanús no se podía ir con las manos vacías, más allá del enorme esfuerzo que hizo San Lorenzo, que aguantó gran parte del segundo tiempo con un hombre menos por la expulsión de Diego Capria. Pero llegó esa definición soberbia de Carrario y el 1 a 1 puso las cosas en su lugar.
Ese primer tiempo era lo que Pipo Gorosito tanto le reclamaba a sus jugadores: que sean protagonistas. Quería un equipo corto, que tocara, que fuera para adelante y, fundamentalmente, que imprimiera respeto. Bueno, todo eso que hasta aquí no había logrado San Lorenzo desde que asumió Gorosito, lo tuvo en la primera media hora ante Lanús.
No extrañó, entonces, que el Beto Acosta, con ese oportunismo tan suyo, se anticipara a toda la defensa y visitante para decretar el uno a cero. Gol y, claro, mucho entusiasmo entre los muchos hinchas que asistieron al Nuevo Gasómetro.
Pero más allá de esa diferencia, San Lorenzo a partir de ahí se sintió un equipo con todas las letras. De hecho lo fue, porque presionó, porque tuvo un ordenamiento defensivo y porque cada vez que intentó, tuvo el gol en la punta de la boca.
El trío Carreño (más tirado atrás que de costumbre), Montillo y Román Díaz, fue el generador de todo el fútbol azulgrana. Y como si fuera poco, arriba el Beto Acosta fue un dolor permanente para los centrales de lanús, que no sabían si esperarlo o salir a encimarlo. Conclusión: el delantero, ante semejante duda, sacó siempre su provecho.
Pero de a poco Lanús se fue animando. Y en los minutos finales tuvo chances concretas para empatar. Primero con un tiro libre de Cristian Alvarez, que rebotó en el travesaño y se fue afuera. Y después en una oportuna tapada de Saja.
Estaba claro que Lanús se iba a ir con todo en el segundo tiempo. No le quedaba otra. y hubo un anuncio de lo que vendría, cuando Mannara enhebró una jugada monumental que Diego Capria salvó en la línea. Al rato, el propio Capria se fue expulsado por doble amarilla. A partir de ahí, el partido invirtió los roles. Fue Lanús y aguantó San Lorenzo, que cada vez que podía, contestaba con rápidas contras. El partido se hizo emotivo, con mucho peligro. Hasta que a los 41 minutos Carrario sacó de la galera un remate para la mesita de luz, a colocar, que se le metió a Saja. Gol. Empate. Y no se discute.
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