SANDRA TIENE QUIEN LE ESCRIBA
Cuando cayó pesadamente al suelo el cadáver de Sandra Cabrera, el 27 de enero del año pasado en un zaguán de Iriondo al 600, nadie preveía los ríos de tinta que correrían. Esa tinta fluirá más fuerte, multiplicada, en cuanto salga a la luz la novela de su vida, acuñada por la escritora rosarina Alma Maritano. De vasta trayectoria, aunque enfocada en textos para adolescentes, Maritano decidió asomarse a la historia de la líder de las meretrices en Rosario. Desde hace meses trabaja en un libro que concentrará “denuncia y testimonio”. Y participa de las marchas y las luchas de “las chicas de Ammar”.
El lunes pasado, a 14 meses del asesinato, Maritano acompañó a Tribunales a las pocas manifestantes que aún exigen aquello que no tienen: justicia. En ese marco la escritora confió los motivos que la acercaron a la figura de esta sanjuanina aguerrida y reveló cómo está construyendo su relato. Además, se inmiscuyó en la necesidad y la posibilidad de cada uno de accionar contra la impunidad. Su camino posible, dijo, es la palabra.
El lunes, por primera vez, Maritano participó de una marcha de Ammar al Tribunal, aunque ya el año pasado se había involucrado en otras actividades de la organización. Todo a partir del proyecto de un texto ficcional sobre Sandra Cabrera, iniciativa que surgió “de un modo misterioso, lleno de conjeturas y empujes que me están dando de algún lado, aunque no sé realmente desde dónde”, deslizó. La punta del ovillo se rastrea en el último libro de Maritano, Perros perdidos.
“Una adolescente, en tercer año de una escuela secundaria de Rosario, descubrió que su mamá era trabajadora sexual. Yo me conecté con la crisis terrible de esta chica, con el trauma que le produjo saber que la madre mantenía a la familia de esa manera”, recordó la novelista, que ya instaló a otros personajes en escenarios locales. “La historia me pareció tremenda como para incluirla en Perros Perdidos. Mientras, encontré una nota de un diario de Buenos Aires sobre Ammar, asociación que desconocía, y empecé a interiorizarme sobre la agremiación de estas trabajadoras”, siguió Maritano.
El 27 de enero de 2004 la lucha por la sindicalización se manchó de sangre y la noticia sacudió la ciudad que se había acostumbrado a ver a Cabrera en los medios, denunciando irregularidades policiales. Maritano se conmocionó especialmente, sin sospechar que en unos meses estaría escribiendo una suerte de biografía de la meretriz. Acaso por intuición, desde el 28 de enero comenzó a guardar notas periodísticas sobre el crimen, que hoy engordan una carpeta llena de recortes.
Además, desde mediados de 2004 bucea en los más de diez cuerpos del expediente judicial. Y recoge testimonios de las compañeras, así como fragmentos de la tradición prostibularia de Rosario, por ejemplo las penurias de Raquel Liberman. “Trato de conectar todos los cablecitos sueltos que hacen que por ahora la luz esté cortada”, reconoció la escritora, ya con título para su obra y un editor ansioso de que se publique este año. “Encuentro todas las dificultades de una problemática en la nebulosa. Quizás lo que yo escriba aporte una lucecita y si no lo hace por lo menos será testimonio y denuncia”, aseguró.
Maritano inscribió la preocupación por el caso en sus históricas inquietudes sobre “la injusticia de la ley, de los códigos que se manejan a nivel político y social. Siempre he sido militante de estas causas, porque me indigna y me subleva espantosamente la impunidad”. Por último, se preguntó: “¿Qué otra cosa puedo hacer? No soy política sino escritora. Mi camino es la palabra”. Pero además, desde su perspectiva, existe para todos –independientemente del oficio– la posibilidad de reflexionar sobre el significado de la prostitución. “Hace cuatro siglos alguien, que no era trabajadora sexual, escribió «Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la razón de lo mismo que culpáis»”, concluyó con vehemencia Maritano. Esa mujer se llamaba Juana Inés de la Cruz y era monja.
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