SANGRIENTO MOTÍN EN UNA CÁRCEL DE RÍO DE JANEIRO
Las autoridades de una cárcel brasileña descubrieron los cadáveres de 34 reclusos cuando recuperaron el control de una prisión, tras un motín que duró cerca de 60 horas. Los oficiales temen que el número de muertos sea mayor.
Hasta ese momento, sólo se había informado de la muerte de uno de los rehenes, un guardia carcelario, que fue asesinado a quemarropa por la espalda y en presencia de los representantes enviados por el gobierno regional de Río de Janeiro para negociar con los amotinados.
La rebelión terminó anoche, con la liberación de 21 rehenes y la entrega de las armas por parte de los líderes del motín, que recibieron de las autoridades la promesa de que no serían blancos de represalias.
El motín del centro de detención Benfica de Leopoldina comenzó el sábado último, cuando varios detenidos que intentaban fugarse atravesaron el portón principal de la cárcel. Al intervenir la policía, los presos atacaron a los agentes, les quitaron las armas y tomaron 26 rehenes entre guardias y empleados de la prisión. Catorce de los 900 presos lograron escapar. La policía capturó a tres de ellos.
Los rebeldes desistieron de su actitud cuando la policía cedió a uno de sus reclamos y trajo al reverendo Marcos Pereira da Silva, un pastor evangélico que ayudó a resolver otros motines carcelarios y cuenta entre sus parroquianos a los familiares de conocidos narcotraficantes.
Violento escenario
Al ingresar en el penal, los participantes de la negociaciones descubrieron la masacre de presos, al toparse con “decenas de cuerpos sin cabeza, mutilados, quemados”, tal como describió el diputado Geraldo Moreira, presidente de la comisión de derechos humanos de la Asamblea Legislativa provincial.
Las víctimas serían integrantes de las facciones criminales Amigos de los Amigos (ADA) y Tercer Comando (TC), rivales del grupo Comando Rojo, al que se atribuye el comando de la rebelión.
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