SANTA COOPERATIVA
Tras el fallecimiento del arzobispo Vicente Faustino Zaspe, el 24 de enero de 1984, la acongojada feligresía santafesina aguardaba expectante la sucesión de su pastor. La administración de la Iglesia estuvo a cargo, por algunos meses, del sacerdote Edgardo Juan Trucco, de raigambre social y con buena llegada en los sectores marginales. Pero el entusiasmo duró poco y, en agosto del mismo año, Edgardo Gabriel Storni fue promovido por Juan Pablo II. Un mes después asumió oficialmente al frente del Arzobispado santafesino. Siempre mimado por el Vaticano, había llegado primero a ser obispo auxiliar en 1976, en simultaneidad con la carnicería que sufría Argentina en pleno Proceso Militar. Finalmente, Storni llegó a lo más alto de la jerarquía eclesiástica gracias a las buenas migas que compartía con la Nunciatura, en especial con Ubaldo Calabresi, Raúl Primatesta y Juan Carlos Aramburu. Una noche de invierno de 1984, los tres religiosos cenaron con el entonces gobernador José María Vernet, quien les manifestó su opinión a favor de la continuidad del trabajo pastoral iniciado por Zaspe. “Se lo agradecemos, pero esto no se define en esta mesa sino en Roma”, le dijeron al contador peronista vinculado a la UOM y titular del Ejecutivo provincial. Así, el “Tati” entendió quién intercede por quién en la Iglesia. Eran los tiempos en que gobernaba Santa Fe la denominada cooperativa justicialista.
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