SANTA FE: CUARTO PUESTO EN HECHOS DELICTIVOS
Desde diferentes ramas de la filosofía establecieron -como fin último de la convivencia humana y aspiración más loable del Estado- el bien común y la sana convivencia social. Luego, tan alejados de teorías como lo demuestra la práctica, la vida urbana se contamina de transgresiones y conductas delictivas.
Santa Fe no escapa a estas expresiones que, si bien se gestan en la soledad de lo individual, son momentos de expresión del todo social. Leyla Perazzo -jefa de Policía de la Provincia- insistió en que la “tendencia es a la baja”. No obstante, las cifras de la criminalidad ubican en el cuarto lugar a Santa Fe, entre las provincias en las que más delitos se cometieron en 2004.
Es que no se excluye de un contexto enquistado de situaciones adversas: el 65,5% de los menores en Santa Fe es pobre; el 16% de los chicos entre 14 y 18 años no estudia ni trabaja; existe una tasa de desempleo de 17,1% y un 15,6% de subocupación -34.000 desocupados y 31.000 subocupados.
Claro que los datos de hechos delictuosos, como lo aclaró Máximo Sozo -profesor de Sociología y Criminología UNL-, no incluyen lo que se denomina “cifra negra. Así se llama técnicamente al volumen de hechos delictivos que suceden en la vida social y que no aparecen en las estadísticas. En algunos delitos la cifra negra es muy elevada; por ejemplo, en los robos, porque la gente no denuncia”.
Las causas
¿Por qué tanta violencia? Las respuestas se analizan, piensan, relacionan… Lo inexplicable alcanza niveles sorprendentes cotidianamente en el ejido urbano. Desempleo, pobreza, exclusión, consumismo, soledad… Nada completa una explicación satisfactoria.
“Las hipótesis pueden ser miles”, arriesgó Perazzo. “Yo creo que la vida moderna hace que se viva muy aceleradamente, se alteren las escalas de valores. Y la necesidad de bienes, esa oferta casi obscena de cosas, hace que el ser humano corra demasiado para obtenerlos y se olvide de vivir, de relacionarse, de sus afectos. Y eso contribuye a la violencia”.
Sería lógica la conclusión de que, si el delito es un hecho particular cargado de significación social, las conductas violentas que se expanden mostrarían que algo está ocurriendo en la sociedad. Sozo advirtió que “nadie puede pensar el crecimiento de la criminalidad en la Argentina fuera de un proceso estructural de carácter económico que, a su vez, está vinculado con un proceso cultural que tiene también un rol muy importante”. Es que “el mundo en el que vivimos es un mundo que expulsa a mucha gente desde el punto de vista material y que, sin embargo, incluye o `traga’ desde el punto de vista cultural”.
Como las dos caras de una moneda, pero -en ese caso- ambas son fatales: “Una economía salvaje se combina con una cultura hedonista, inmediatista, una cultura que se acomoda perfectamente a una sociedad de consumo. Todos estamos simbólicamente incluidos, aunque no lo estemos en lo material. Esa contradicción entre cultura y economía tiende a generar, como respuesta, altísimos niveles de criminalidad”.
Por casa
El departamento La Capital es el que más contribuye a engrosar las filas de ese porcentaje provincial. Que en nuestros territorios los hechos siempre fueron más que en otras zonas de la bota es para todos un hecho conocido.
Sozo afirmó que, por estas latitudes, siempre existieron niveles “extraordinariamente altos, inclusive, en algún año, superior al número absoluto del departamento Rosario”. Aunque en valores totales, el pasado año no lo superó; si se tiene en cuenta la relación cantidad de habitantes-índice de delitos, llama la atención.
En materia de homicidios, Perazzo aseguró que las cifras de La Capital inciden “notoriamente” en el porcentaje provincial. Es más, “tiene más homicidios que Rosario”, aunque aclaró que se trató de hechos que tienen como característica el de haberse “generado entre personas con conocimiento previo”.
¿Qué pasa en Santa Fe?
Leyla Perazzo admitió que esta ciudad tiene diferencias culturales marcadas con Rosario. La definió como “clánica”, en un intento por graficar una característica específica local. “Muchos chicos de Santa Rosa de Lima no conocen el centro, teniéndolo a 5 cuadras. Cada uno se queda en su lugar, con su grupo, en lo suyo”.
Esto dista mucho de Rosario, según Perazzo. En la localidad del sur, están “más integrados. Tiene que ver con una tradición -inmigratoria- distinta. En Rosario se admiten y mezclan más”.
Por su parte, Máximo Sozo observó que “la respuesta tradicional frente al fenómeno del delito ha sido en Santa Fe la misma de siempre: policía, justicia, prisiones”. Sin embargo, en la metrópoli donde se izó por primera vez la bandera, “estos procesos macro han tratado de ser contrarrestados. Desde el punto de vista de su Estado municipal y de la sociedad civil, es tal vez uno de los ejemplos en la Argentina de ciudades que más han colaborado en la construcción de un nuevo estilo de intervención sobre la cuestión social. Tratan de paliar esos procesos de aumentos de la expulsión y la vulnerabilidad social con una lógica distinta que no sea clientelista ni asistencialista y que, de alguna manera, pueda empezar a construir otro tipo de ciudadanía social”.
Las cifras
Según las estadísticas del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, la provincia de Santa Fe ocupa el 4° lugar entre los diez primeros en lo que respecta al total de hechos delictuosos cometidos durante el primer semestre de 2004.
1) Buenos Aires: 157.051.
2) Ciudad de Buenos Aires: 93.254.
3) Córdoba: 65.988.
4) Santa Fe: 55.995.
5) Mendoza: 43.259.
6) Salta: 22.484.
7) Chaco: 16.900.
8) Río Negro: 16.225.
9) Jujuy: 15.163.
10) Corrientes: 15.161.
¿Cómo prevenir?
Leyla Perazzo: “la política del gobierno va a diagramar según la zona, porque no se puede hacer un operativo de seguridad único.
“Trabajamos fundamentalmente con las patrullas urbanas que en verdad han sido exitosas y bien recibidas por la comunidad. Vamos a sumar el sistema de patrullas barriales para afianzar la presencia policial y la prevención.
“Además, integrar la policía con otros actores sociales para trabajar en lo que se puede y sea posible sincronizadamente en el combate de aquellos delitos que son más comunes en la marginalidad”.
Máximo Sozo: “el esquema que expande más móviles, más tribunales, más espacios en las prisiones tiene 200 años y no tuvo muy buenos resultados.
“La forma de poder pensar en vivir en una sociedad más segura, pasa fundamentalmente por repensar la política de la prevención del delito en el marco general de las políticas publicas. Si las políticas sociales están extraordinariamente vinculadas con el fenómeno de la criminalidad, parecería ser que en una mesa sobre el diseño de políticas públicas del control del delito debería estar incluido el sector de las políticas sociales”.
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