SANTA FE SE INUNDA POR LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES.
Mientras que se especula con guerras por la escasez de agua en varios puntos del planeta, en Santa Fe los conflictos se desatarán por su exceso durante este siglo. Según señalan los propios pobladores y productores rurales, “la provincia se inunda por los cuatro puntos cardinales”, una idea que se refuerza a través de conceptos que brindan ingenieros y geólogos. Los integrantes de la Comisión de Afectados por Desmanejos Hídricos, evalúan como “muy grave” el estado de cada cuenca y de las zonas cercanas a cursos fluviales o aquellas que evidencian el ascenso de las napas freáticas. “En el mapa se advierte que todo el territorio está en una situación crítica”, afirmó el titular de la cátedra de Hidrología de la facultad de Ingeniería de la UNR, Hugo Orsolini . La inundación de la capital santafesina fue el más trágico de los costados de una “ausencia de políticas” tendientes a afrontar los embates climáticos, que también generan innumerables pérdidas económicas. Desde el sector se reclama la intervención del gobierno nacional, más allá de las responsabilidades que le caben a la gestión de Carlos Reutemann.
“Santa Fe es como una gran palangana donde vuelcan sus aguas en forma directa el Chaco, Santiago del Estero, Córdoba y Buenos Aires”, grafica el jefe comunal de Aarón Castellanos, una localidad ubicada en el extremo sur del territorio sitiada por la laguna La Picasa, cuya superficie se quintuplicó en tan sólo una década. El drama es similar al de Melincué, un espejo de agua salada que alcanzó límites extraordinarios en un lapso de treinta años.
La explicación que arroja Orsolini sobre el fenómeno se respalda en que Santa Fe es una zona de tránsito y almacenamiento de agua –los terrenos declina hacia el mar– , una situación que se agrava por el ciclo húmedo persistente que atraviesa la región y que se inició a partir de 1992. “Hay que tener en cuenta que desde 1950 a 1970 existía un promedio anual de 850 milímetros de lluvia, mientras que ahora se registra un promedio de mil, con un récord en 1998 cuando cayeron 1.400 milímetros”, dijo.
“Tenemos miedo de que La Picasa nos pase por encima”, expresa con ansiedad una habitante de Teodelina, una población que se ubica casi en el límite con Buenos Aires. Su cercanía con la laguna la sume en un peligro constante, porque en caso de aumentar la cota se escurriría directamente sobre ese distrito, transformándolo en un gran canal de escurrimiento. Un simple reconocimiento de los últimos mapas satelitales suministrados por el Servicio Meteorológico Nacional permite observar cómo en el sur de la provincia aparecen nuevos espejos de agua que tienden a interconectarse y formar nuevas cuencas con sus respectivos enlaces. “También la laguna Mar Chiquita, en Córdoba, se incrementó notablemente y tiende a volcar sus aguas hacia el límite provincial”, apuntó Orsolini. En ese sentido, el profesional –quien además es director de Hidráulica de la Municipalidad de Rosario– citó “el peligro latente” que encierra el río Carcarañá, que recibe las aguas del sur de Córdoba a través del Tercero y de los bañados del Saladillo, alimentados a su vez por el río Cuarto.
Las características que adquiere el agua cuando se excede son múltiples. La más trágica ocurre cuando los arroyos y ríos se desbordan en lugares poblados, causando víctimas humanas. Pero las consecuencias de los estragos ecológicos, económicos y sociales que provocó el desmadre del río Salado –además del peso de las veinticinco muertes confirmadas oficialmente– afectarán a toda la comunidad santafesina durante años. Esto sin contar que la ciudad capital es constantemente amenazada por las cíclicas crecidas del río Paraná.
“Todo esto es consecuencia de la falta de políticas hídricas en la provincia y es algo que venimos denunciando desde hace cuatro años –opina Esteban Hernández, uno de los productores afectados–, pero los desastres no sólo se producen por omisión sino a menudo por acción”. El propietario rural se refiere a las obras que la Dirección Provincial de Vialidad realizará próximamente sobre el arroyo Leyes, donde se debe reconstruir un puente derrumbado en una crecida anterior. Esta obra, que se realizará con aportes del Banco Mundial, “por sus mayores dimensiones incrementará el caudal en la desembocadura de la laguna Setúbal e impondrá más presión sobre el Puente Colgante de Santa Fe, que se reconstruyó con la misma luz que tenía antes de ser arrastrado por la corriente” en 1983.
Y éste no es el único caso. Hay otros como la inundación del arroyo Cañada de Gómez, que en noviembre del 2000 causó tres muertes (los habitantes de la localidad homónima afirman que son más), o los menos virulentos desbordes que habitualmente ocurren en Rosario, cuando el canal Ibarlucea anega la zona noroeste. Hacia el futuro, el riesgo se cierne sobre estas ciudades y otras, ubicadas en áreas que antiguamente fueron valles seguros.
Pero los anegamientos no se producen sólo a gran escala. Los mapas satelitales correspondientes al 23 de mayo muestran una masa azul que avanza sobre la región noroeste de la bota santafesina e inclusive abarca departamentos completos como 9 de Julio y Vera, donde el ganado vacuno es casi una especie en extinción. “En los últimos años muchos productores de la zona tuvieron que malvender novillos y ovejas porque hay lugares que antes tenían riesgos de anegamiento y ahora son áreas inundadas en forma permanente. Ya no hay más pasto”, afirmó Ernesto Carrara, poblador de Calchaquí. Según el productor, “se observa una extensión de los Bajos Submeridionales porque además de los cambios climáticos, Santa Fe no hizo las obras que debía hacer, mientras que sí lo hicieron el Chaco y Santiago del Estero”, derivando las aguas hacia Santa Fe. Otros departamentos como San Cristóbal y San Justo, sufren a su vez el permanente acecho del río Salado. El ascenso de las napas freáticas es otra de las grandes pesadillas que no sólo afecta al campo sino a poblaciones como Elortondo, Roldán, Chañar Ladeado, Venado Tuerto y Pérez, ente otras, que empezaron a sufrir el desmoronamiento de pozos ciegos y a “hundirse” lentamente.
“La mayoría de las rutas están inaccesibles, los caminos de tierra imposible de transitar y lo único que hacen desde la provincia es apelar a soluciones transitoria como la instalación de puentes bailley sin tomar resoluciones de fondo”, reforzó Alberto Paduán, presidente del Consejo Regional Económico del Norte Santafesino.
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