“SANTIAGO NO ES CATAMARCA,Y NOSOTROS NO SOMOS LOS SAADI”.
Mercedes Marina Aragonés de Juárez tiene el cabello negro, tirante y recogido en un rodete. Sentada detrás de su escritorio, reafirma su elegancia vestida con una blusa violeta. Sus ojos también son oscuros y contrastan con su piel blanca. En Santiago del Estero para todos es, simplemente, “Nina”, la esposa del caudillo Carlos Juárez, un hombre que desde 1949 gobernó cinco veces y aún sigue siendo el máximo “asesor” de quienes gobiernan y legislan en esta provincia.
Desde el 12 de diciembre, “Nina” es la gobernadora. En la última semana, un doble crimen puso a la vista una situación que, dice, le duele: aquí se habla de narcotráfico, de corrupción policial y de un nuevo caso María Soledad Morales.
Aluden al asesinato de aquella chica de 17 años que, en 1990, sacudió a Catamarca por las relaciones que el hecho tenía con gente vinculada al poder y que terminó con la hegemonía de la familia Saadi.
¿Usted cree que este hecho puede provocar una intervención en Santiago?, preguntó ayer Clarín en una charla exclusiva con Juárez y su esposa realizada en el despacho de la gobernadora, donde también estuvo Carlos Pena, jefe de Gabinete y mano derecha de la jefa del gobierno.
“Santiago no es Catamarca ni nosotros somos los Saadi”, estalló “Nina”, con la risa irónica de su marido como fondo.
“En ese caso el Gobierno protegía lo que se consumó en esa escena vergonzosa”, replicó Juárez.
—¿Y aquí es diferente, gobernadora?
—Cuando supe de irregularidades y de sumarios policiales no transparentes, de un solo plumazo los eché a todos.
Se refería a la decisión de hace seis días, cuando —de un plumazo— relevó al jefe y subjefe de Policía, al secretario de Seguridad y al subsecretario de Informaciones, un hombre que llevaba casi cuatro décadas trabajando junto al matrimonio.
“Es que aquí, los que no andan, se van”, agregó la mujer mientras con su puño golpeaba con energía sobre el escritorio de madera oscura. Y para que no quedaran dudas, reafirmó su dicho con esta frase: “El hilo debe cortarse por lo más grueso no por lo más delgado”.
—El runrún de la calle dice que no se termina de entender cómo ustedes no conocían estas malas actitudes policiales.
—(Contesta la gobernadora) Es que cuanto más alto se está, menos se sabe; pero yo no soy espectadora, soy la que impulsa la investigación de este hecho inadmisible, horrible, casi demoníaco.
Y para referirse a la corrupción policial dijo: “Aquí se entronizó una porción de corruptela cuando él no estaba”, en alusión a los años en que Carlos Juárez estuvo en el exilio, durante la última dictadura militar. Lo cierto es que desde 1983 hasta ahora Carlos Juárez (o gente allegada a él) siempre gobernó la provincia. Por eso, esa reflexión era una forma indirecta de decir cuál era el origen y señalar que ahora se buscará desterrarla.
—¿Esto se les fue de las manos?
—De ninguna manera.
—¿Y usted cree que el caso los salpica?
—No nos salpica. Cuando uno lleva 50 años en los que el pueblo lo sigue es porque ellos tienen percepción de lo que es auténtico; es porque saben que los queremos y porque vivimos pensando qué más podemos hacer por los santiagueños.
—¿No es una manera de eludir cargos?
—Yo voy a admitir lo que he hecho porque tengo suficientes agallas para hacerlo; soy una gobernadora con mayúsculas.
La respuesta de “Nina” fue sostenida por Juárez con algo más: “Quiero recordarle que durante mis gobiernos no hubo un solo bono y que todos esos gobiernos terminaron con superávit”.
—Gobernadora, ¿cómo vive usted esta situación con el crimen de las dos jóvenes?
—Muy angustiada, hasta he tenido insomnio por esto. Por eso queremos limpiar todo lo que está contaminado.
—Si los familiares de las víctimas le piden una reunión, ¿los recibiría?
—Si piden audiencia, los recibo. Me han hecho fama de tremebunda, pero es porque tengo carácter. Es que si no lo tuviese la cárcel me hubiera destruido.
Era una forma de recordar que, durante la última dictadura, estuvo “once meses en una celda, por peronista y por juarista”.
“Fueron tiempos difíciles pero me ayudó esta imagen de la Virgen del Valle que siempre llevo; le pedía que no me hiciera debilitar en la fe mía, que es en Dios y no en los curas”, concluyó. Detrás, sobre la pared había un crucifijo y un pequeño poema titulado “Triste cosa es no tener amigos”.
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