Saquearon siete oficinas de un edificio en Rosario
Los delincuentes que se introdujeron en el edificio de Salta 1990, entre Moreno y Dorrego, sabían muy bien lo que hacían cuando eligieron el sector de oficinas que funciona en el primer piso de la torre. En ese lugar hay ocho dependencias, siete de las cuales están ocupadas y sólo una vacía. Entonces, y con la habilidad y la destreza necesarias, destrozaron a golpes las puertas de las que estaban en actividad y ni siquiera tocaron la deshabitada. Algo de dinero, cheques, un televisor de LCD, celulares y una computadora portátil fue el botín que recolectaron. También tuvieron en cuenta que el vigilador nocturno que suele estar allí se había tomado día de franco.
El acceso. Una certeza que tenían ayer los inquilinos y los consorcistas del edificio se refiere a la forma en que los ladrones ingresaron. "Es evidente que tenían una llave de calle porque la puerta estaba intacta", dijo ayer Hugo Díaz, administrador del consorcio. Los escruchantes, es decir los que ingresan a robar a inmuebles cuando sus ocupantes no están, sí forzaron la cerradura de la puerta que conecta el hall de ingreso con el sector propio de las oficinas.
Allí hay ocho dependencias. Siete de ellas están ocupadas con estudios jurídicos, contables y de arquitectura además de una inmobiliaria. Cada una de las débiles puertas de esos lugares fueron destrozadas a patadas. Los robos se produjeron poco antes de las 4.30 del jueves, de acuerdo a lo que pudieron escuchar vecinos del otro sector del edificio, donde sólo hay viviendas particulares. "Algunos manifestaron escuchar golpes en esa hora, pero jamás pensaron que podían ser delincuentes", agregaron Daniela Larrosa, abogada, y Daniela Maioli, empleada de uno de los estudios vulnerados en el edificio.
"Queremos aclarar que este edificio tiene vigilancia de noche. Hay un sereno que está todos los días, pero antenoche (por la madrugada del jueves) tenía día de franco. Así que, además de haber ingresado con una llave de calle, también sabían que justo en ese momento no estaba el vigilador", remarcó Larrosa. Y agregó: "Eligieron qué robar, porque desparramaron todo por el piso en busca de dinero en efectivo. Más allá de la pérdida material, que no fue mucha en mi caso, viví momentos de angustia y un mal trance por el que tuve que suspender mi trabajo".
Sin problemas. La banda trabajó con comodidad. Cada uno de los locales asaltados quedaron como si hubiese pasado una tormenta. De una de las oficinas se llevaron una notebook, cheques, y algo de dinero. De otra se alzaron con un par de teléfonos celulares y un televisor de LCD. Dos datos llamaron la atención de los inquilinos y propietarios de la torre. El primero: los autores del atraco violentaron las puertas de las siete oficinas que estaban en actividad y ni siquiera tocaron la que estaba vacía. El segundo: se tomaron el trabajo de utilizar las bolsas de plástico negro que la portera del edificio guardaba en un cajón que está en la parte inferior de un mostrador situado en el palier. En esos envoltorios, que se utilizan para sacar residuos, habrían guardado los artefactos electrónicos.
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