SE COMPLICA MÁS LA SITUACIÓN DE MENEM
Ocho años después de escapar de la justicia y recorrer medio planeta, el teniente coronel (R) Diego Emilio Palleros no termina de encajar en la placidez dominguera de la tarde, en esta ciudad que le trae buenos recuerdos. Y es lógico. “No hable más. Si regresa, es hombre muerto”, le advirtieron por teléfono en Sudáfrica, en enero, luego de responder por e-mail casi 100 preguntas a LA NACION.
Pero hoy se presentará en Buenos Aires ante el juez penal económico Julio Speroni, acusado por el contrabando de armas del Ejército a Croacia y Ecuador, concretado de 1991 a 1995.
De 78 años, ex buzo táctico e intermediario de aquellas ventas (conoce todos los detalles del escándalo que mantuvo en prisión por un tiempo al ex presidente Carlos Menem y a Emir Yoma), Palleros afirmó en una entrevista con LA NACION que todos en el gobierno argentino “sabían a quiénes se vendían las armas” y cómo se hacía la operación. “Estas ventas dependen de la máxima autoridad, que es el presidente, y por eso Menem firmó los decretos secretos que las autorizaron. A él nunca lo vi, ni a ningún ministro”. Palleros revela que en 1995 Luis Sarlenga, entonces interventor en Fabricaciones Militares (FM), hoy procesado, “me dijo que necesitaba 200.000 dólares de mi comisión por una de las ventas, para dárselos a Emir Yoma, para que se cerrara la investigación”.
-¿Los pagó?
-Sí, hice la transferencia del dinero a FM. El año anterior me habían pedido 400.000 dólares en FM, no sé con qué destino, pero la transferencia de los 400.000 dólares a una cuenta de la empresa offshore Daforel la hizo FM.
Este dato de Palleros podría coincidir con un escrito que hay en el expediente, donde el cambista Pedro Stier declaró que una transferencia dirigida a Yoma como proveniente de Asia, en realidad, se había efectuado en Buenos Aires.
-¿Conoció a Yoma?
-Lo vi una vez en su oficina. Me había encontrado en una confitería con Sarlenga y me dijo que iba a verlo a Yoma y que lo acompañara.
Bajo la atenta mirada de su defensor, Isaac Wieder, que vino para acompañarlo en su regreso a la Argentina, el militar retirado asegura que “cuando empezaron las ventas le pregunté a Sarlenga: «¿Esto tiene el apoyo de todo el Gobierno?», y Sarlenga me respondió que sí”.
Palleros llega en un momento especial de la accidentada investigación, cuando la Sala B de la Cámara en lo Penal Económico sigue dudando desde hace seis meses entre revocar o confirmar el sobreseimiento de Speroni a Menem y al ex ministro de Economía Domingo Cavallo.
-¿Responderá preguntas en su indagatoria?
-Siempre quise responder, como le estoy respondiendo ahora a usted. Siempre quise declarar, pero me obligaron a huir en 1996.
En este punto, el defensor Wieder acota: “Estaremos atentos a la actitud del juzgado y luego decidiremos si responde o no”. Es que hubo versiones de que Speroni quería detener a Palleros apenas aterrizara, pese a que en diciembre último fue eximido de prisión.
“En 1996 -prosigue Palleros-, yo estaba a punto de declarar ante el juez [federal Jorge] Urso, pero me amenazaron de muerte y el juez [penal económico Marcelo] Aguinsky dejó trascender que en su expediente yo iba a quedar preso. Por eso me fui. En estos ocho años dejé de ver a mi familia, perdí a mis amigos, me convertí en mala palabra. Menem y Corach me llamaron delincuente, el Ejército me quitó la jubilación y perdí el dinero que tuve. No me queda un centavo. Todo lo gasté en estos ocho años, por necesidad. Mi esperanza es vender este libro con mi historia”, y muestra un grueso ejemplar anillado, con el título “Solo contra todos”.
-¿Por qué decidió abandonar Sudáfrica y volver?
-Para salir de la causa. Yo no cometí ningún delito. Yo no vendí las armas, no las compré, no las embarqué, no las transporté, no cobré los reintegros. Yo fui un intermediario y en FM pagaban los sueldos con estas ventas. Hablan de contrabando. ¿Qué contrabando, si era el Estado el que vendía y sabía que todo iba a Croacia? Veinte países le vendieron a Croacia, que hasta tuvo el apoyo del Vaticano.
-Usted recibió en sus cuentas bancarias un total de 46 millones de dólares.
-Sí, las ventas fueron por ese total aproximado. Y todo ese dinero entró en FM.
-No, sólo habría entrado la mitad.
-Imposible. Tal vez usted no vio todas mis transferencias. Todo lo que FM vendió, lo cobró. Y yo todo lo deposité en las cuentas oficiales de FM.
-¿No teme que lo maten?
-No, a esta altura de mi vida, no. Sí temo que secuestren a algún familiar creyendo que yo tengo plata, cuando toda mi esperanza está en conseguir un adelanto de una editorial.
-El 3 de noviembre de 1995, día en que volaron la Fábrica Militar de Río Tercero, donde se embalaba el armamento del Ejército para enviarlo al puerto, usted transfirió más de un millón de dólares.
-Sí, fue una carta de crédito para pagar un armamento para compensarle a Ecuador los embarques que no pudieron completarse en febrero de 1995 al trascender las ventas. Yo siempre cumplí. Nunca hice nada malo en mi vida. El fiscal [federal Carlos] Stornelli escribió que yo era una pantalla usada por otros. Y tenía razón.
-¿Confía en la Justicia?
-A uno le quedan dudas… Espero que se haga justicia.
Este contenido no está abierto a comentarios

