SE CUMPLE UN AÑO DE LA TRAGEDIA EN LA MINA DE RÍO TURBIO
En la noche del 14 de junio, madrugada del 15 de 2004, el fuego comenzó a generarse en la Unión 9, en una derivación de cintas transportadoras que, por su sistema automatizado desde el exterior, no denuncian las fallas que se pudieran ocasionar.
Una faja de goma trabada y la fricción con el rolo del reductor, hicieron el resto, junto a la carbonilla acumulada en la cola de la cinta. Todo ese material entró en combustión y se expandió luego a las tablas de entibación, propagándose por efecto de la ventilación.
Llegó la orden de evacuar e ingresaron los camiones de transporte del personal. Uno de ellos salió de la zona donde el humo iba ganando las galerías y el segundo, ya con la visibilidad impedida por efecto de la densa humareda, chocó contra los arcos, en la unión 12 ó 13, según relataron algunos trabajadores.
Esa noche, desde que las sirenas comenzaron a sonar, pocos pudieron descansar en las horas siguientes al incendio que se declaró en las galerías principales de la Mina 5 del Yacimiento Carbonífero.
Fue ardua la tarea de los brigadistas que se internaron por el Chiflón 7, una galería de ventilación que comunica el fondo de la mina siete kilómetros adentro del cerro. Silencio, impotencia y resignación en los trabajadores que se sumaron voluntariamente a la tarea de rescatar a sus compañeros, que no se pudo realizar en los momentos posteriores a la declaración del incendio, debido a la densa cortina de humo que impedía avanzar hasta el lugar adonde habían quedado los trabajadores que no pudieron salir a tiempo.
Una dotación de Bomberos ingresó cerca de las dos de la madrugada y poco tiempo más tarde, a uno de ellos le cayó encima una roca que lastimó su rostro, indicando ya lo que era zona de derrumbe en algunas de las uniones cercanas al foco del incendio.
Comenzaron a barajarse alternativas y hasta se estudió la posibilidad de utilizar el aeropuerto de Puerto Natales para conseguir ayuda especializada, pero el avión que conducía elementos de oxígeno para autoayuda no pudo aterrizar y recién llegaron a la noche, por tierra.
Por la tarde, Junta municipal de Defensa Civil certificó el primer rescate de los cuerpos sin vida de Julio Alvarez y Miguel Cardozo y a la noche, se adelantaba que en ese primer ingreso de los brigadistas se había encontrado otro cuerpo, el de Nicolás Arancibia.
La lista de los trabajadores no se dio a conocer sino hasta la tarde, cuando crecía la angustia en las familias que no habían visto llegar a sus padres y esposos.
Los trabajadores que permanecían todavía desaparecidos en la mina eran: Vedia Odilón, Héctor Rebollo, Hernández Zambrano y Hernández Víctor, José Alvarado, Nicolás Arancibia, Ricardo Cabrera, Silvero Méndez, José Chávez, José Marchant, Jorge Vallejo y José Armella.
El jueves 17 un derrumbe para el alma de todo un pueblo se hizo palpable en el sepelio de los cuatro trabajadores que fueron llevados al cementerio de Río Turbio. Más de cuatro mil personas acompañaron en triste cortejo el camino final hacia el descanso de los restos de Nicolás Arancibia, Julio Alvarez, Ricardo Cabrera y Oscar Marchant, informaba nuestro corresponsal.
Tres días después, las brigadas de rescate habían finalizado el trabajo de recuperar los restos de los mineros atrapados. La tragedia no tiene precedentes por la cantidad de muertos que produjo y por lo evitable del accidente. El intendente Matías Mazú dio por concluida la acción de Defensa Civil y los grupos que apoyaron las tareas de rescate se aprestaban a extinguir los focos del incendio en el interior de la mina.
Llegó el final para la incertidumbre sobre la suerte que corrieron los mineros que aún no habían sido localizados, aunque las expectativas eran casi nulas, desde que se comprobó la muerte por asfixia en los primeros cuerpos rescatados por las brigadas de salvamento.
Catorce mineros, esposos, padres… hombres de la mina. Nadie sabe qué sueños, qué proyectos e historias truncó la muerte en la madrugada del 15 de junio, cuando el grupo de más de cincuenta mineros atravesaba en camión la galería principal en busca de la superficie y se encontró encerrado por el humo del incendio producido en la Unión 9 de la galería 1P5 y comenzó a luchar desesperadamente por salvarse.
Catorce trabajadores no pudieron vencer la letalidad del monóxido de carbono y quedaron en el socavón, hasta que fueron rescatados, ya sin vida, por las brigadas de socorro.
Muchos dejan familias enteras, con hijos y nietos. Muchos también estaban cerca de la jubilación, pasado ya el tiempo estipulado por la ley y no habían iniciado los trámites porque su ingreso, como jubilados, iba a ser menor y debían esperar para comenzar a percibirlo. Por eso seguían trabajando. Otros se habían quedado a hacer horas extras.
Repasar la historia es rescatar algo más que sus nombres de una estadística fatal para la memoria colectiva.
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