SE CUMPLIERON TRES MESES DE LA MUERTE DEL PROFESOR DE FILOSOFÍA
El 21 de abril la Policía halló el cadáver del profesor de filosofía Álvaro Costa en su casa de Chacabuco al 2.100 de barrio Candioti. Su cuerpo tenía signos evidentes de violencia. Estaba atado de manos y pies, sobre un colchón y con un fuerte golpe en su cabeza.
A más de tres meses del homicidio, la Justicia aún no ha podido determinar las causas del crimen ni sus autores. Diario UNO dialogó con la madre de Costa, Lidia Saccavino, quien es santafesina pero reside en la ciudad de Carlos Paz en la provincia de Córdoba.
LA INVESTIGACIÓN
—¿Hay algún avance en la causa?
—No. Hasta este momento no. Pero confío que en cualquier momento algo va a saltar.
—¿Ha tenido algún testimonio fuera de la investigación que le haya aportado algún dato?
—No. Mi abogado me ha dicho que no diga nada hasta tanto se sepa algo seguro.
—Su hijo era una persona respetada, un reconocido profesor, ¿qué cree que puede haber pasado?
—No tengo la más mínima idea. Él como usted dice, era una persona destacada en su profesión. Era un chico muy amado. Y lo digo por todas las exteriorizaciones que he visto y veo de sus alumnos, profesores y gente amiga. No sé si esto ha sido una venganza o qué. Pero no puedo decir qué es lo que ha pasado.
—¿Sabe si tenía algún inconveniente fuera de su profesión?
—No sé. Realmente no sé lo que pudo haber pasado. Lo único que sé es que no tengo más a mi hijo.
LA JUSTICIA
—¿Confía en la Justicia?
—Sí. Confío en el juez (Julio César) Costa. Lo he dicho y lo repito, es un hombre de bien y confío plenamente en él.
—Más allá de las demoras propias de toda investigación…
—Yo sé que con el tiempo vamos a saber quiénes mataron a mi hijo. Se va a hacer Justicia. No sé cuánto va a demorar, pero creo fehacientemente en la Justicia divina y después en la de los hombres. Pero sé que se va a saber quiénes fueron los autores.
—¿Cuándo tuvo el último contacto con su hijo?
—El domingo 16 (de abril) que le hablé por teléfono y me dijo que el viernes había regresado de Río de Janeiro.
—¿Había viajado al exterior?
—Sí. Hizo un viaje a Brasil para hacerle un reportaje a un poeta brasileño y vino muy contento de allá. Lo sentí muy feliz y contento. Fue la última vez que hablé con él.
—¿Quedaron en encontrarse después de ese diálogo?
—Nosotros hablábamos todas las semanas. En oportunidades, hasta dos veces. Lógicamente cuando yo viniera para acá íbamos a encontrarnos. Yo cuando vivía acá nos encontrábamos e íbamos a tomar café. Teníamos largas charlas porque había mucha afinidad. Dialogábamos mucho. Él me hablaba de sus cosas y yo le hablaba de las mías. Me hablaba de sus proyectos, de las cosas que tenía en mente.
LA CIUDAD
—¿Tiene deseos de quedarse a vivir en Santa Fe?
—No. Vivo en Carlos Paz y voy a seguir viviendo en ese lugar. Pero vendré todos los meses para el 17, que fue el día en el que realmente murió Álvaro, antes de las 12 de la noche. Él murió casi a la misma hora que nació. Nació un 24 de noviembre antes de las doce de la noche.
—El recuerdo de su hijo, más allá del desenlace es el mejor…
—Sí, sí (se emociona). Me parece sentirlo cuando lo hablaba por teléfono y me decía el «mami» tan querido.
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