SE DUPLICÓ LA DEMANDA PSIQUIÁTRICA EN ROSARIO
Desde el sábado pasado a la tarde, luego de que se entregara a la policía tras matar a su padre octogenario de 50 cuchillazos, en la casa familiar de Cuba 802, Pilar Reyero, de 55 años, fue internada en el hospital psiquiátrico Agudo Ávila con custodia policial (aunque sin uniforme, a pedido de las autoridades del efector). No fue la primera vez que la mujer llegaba a una institución de salud mental, aunque hasta ese día nunca había sido atendida en ese hospital, sino en entidades privadas.
Fuentes de la investigación habían señalado, en el momento de la cobertura de la noticia, que el crimen fue “la resultante de problemas psiquiátricos no asistidos”, más allá de que no había forma de prevenirlo. Lo cierto es que tanto desde el Agudo Ávila como desde la Colonia de Oliveros observaron que el año pasado y en lo que va del corriente la demanda de salud mental casi se duplicó. Mientras que Oscar Pellegrini, director de la Colonia, observó que los “medios deberían tener un papel de prevención y difusión de la problemática en salud mental, en lugar de hacerse eco del asunto cada vez que ocurre un caso como el mencionado”.
Cifras de la crisis
En el año 2000, cuando Horacio Bucci se hizo cargo de la dirección del Agudo Ávila, 15.900 personas pasaron por los consultorios externos del hospital –donde se provee a los pacientes de medicación y, a los más carenciados, de tarjetas de colectivo para que puedan volver, entre otras medidas– y las consultas en la guardia permanente de la institución ascendían a 2.300. El año pasado, las consultas externas treparon a 27 mil y la guardia atendió 3.440 casos. También hubo 300 internaciones, una cifra superior a la registrada años anteriores.
Por su parte, Pellegrini informó ayer a este diario que “en el primer cuatrimestre de este año se recibió en la Colonia el 50 por ciento más de internaciones que el promedio histórico de los últimos 8 años”. El médico señaló que la institución a su cargo –que atiende necesidades provinciales en salud mental– todavía tiene capacidad de respuesta, “aunque preocupa el aumento de la demanda si la perspectiva se sostiene”. Y aclara: “Hablamos de mantener una mejor asistencia, no de apilar gente”. En los cuatro primeros meses de 2004, la Colonia (a 65 kilómetros de Rosario sobre la ruta 11) tuvo 60 internaciones, cuando el máximo para ese período, hace tres años, fue de 43.
Carencia de recursos
Asimismo, Pellegrini señaló un patrón de referencia para pensar la problemática: en Francia, cada 80 mil habitantes trabaja un equipo de salud mental de alrededor de 150 personas. En Rosario y su zona la realidad es muy distinta. Lo que cunde, según fuentes consultadas de otros ámbitos de la salud pública, es el trabajo de psicólogos ad honórem y severas carencias de recursos humanos en sectores periféricos como centros de salud municipales y áreas provinciales, donde los profesionales en la materia apenas suman una cien personas, que trabajan en condiciones precarias, para una ciudad de un millón de habitantes.
El agravamiento de la crisis económica, que golpeó a personas cuya situación subjetiva ya era frágil, la pérdida de empleos, con la consecuente caída de la cobertura de salud privada, fueron algunos de los motivos señalados por Bucci y Pellegrini que explican a medias el aumento de la demanda en salud mental, pero, en todo caso, el último dejó en claro que la peligrosidad –idea difundida a partir del caso conocido en los medios como “el loco del cuchillo”, quien se halla internado en el Agudo Ávila– es un “concepto jurídico. Todos somos peligrosos –dijo el director de la Colonia–, salgo a la vereda y veo a conductores que manejan a 60 ó 70 kilómetros por hora en la calle. Señalar a algunos como más peligrosos tranquiliza a algunos, pero es una hipocresía”.
El caso Reyero
Por su parte, fuentes de la investigación judicial que se lleva a cabo por la muerte de Urbano Reyero –ultimado frente a su esposa cuadripléjica con más de cincuenta puñaladas y golpes con un palo de escoba partido–, deslizaron que aún hay que resolver si Pilar es inimputable, que cuando fue detenida “no comprendía la criminalidad de sus actos y por eso no se le pudo tomar declaración”. Los mismos voceros acotaron que tratan de discernir en estos momentos si hubo una tercera persona involucrada en la muerte del hombre. Pilar Reyero apareció toda cubierta de sangre el sábado pasado a la mañana en una farmacia de Eva Perón al 5800, a la vuelta de la casa donde cometió el crimen, para comprar un frasco de alcohol con el que quitarse las manchas. Allí confesó ante los pasmados empleados lo que había hecho.
En el Agudo Ávila, Pilar se encontraba ayer asistida por un equipo que incluye un psiquiatra, un psicólogo, una trabajadora social y una asistente enviada por el Consulado de España, ya que la paciente tiene nacionalidad española. De acuerdo a fuentes de la institución, Pilar había sido internada en una entidad privada en setiembre del año pasado.
“Una cosa es un hecho delictivo y otra una situación clínica”, insistió ayer Pellegrini, y detalló: “La imputabilidad se refiere a un acto o un acontecimiento y a la capacidad de discernir sus consecuencias, es una categoría del derecho, no de la clínica. Por otro lado, desde lo que se puede pensar como la subjetividad, si uno le da lugar a la dimensión del inconsciente, todos tenemos esa relación según la cual hacemos las cosas sin saber bien por qué. Lo otro es como un accidente, un cruce de calles, y es necesario que eso sea puntualizado, singularizado y no universalizado”.
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