SE ESTRELLÓ LA CÁPSULA ESPACIAL GÉNESIS AL FALLAR LOS PARACAÍDAS
La nave terminó incrustándose en la tierra, ante la mirada atónica de los técnicos de la NASA.
Al entrar a la atmósfera terrestre, debía abrirse un paracaídas estabilizador a 33 kilómetros de altitud. Seis minutos más tarde, a 6,1 kilómetros de distancia, debía abrirse el paracaídas principal. Pero los dos fallaron.
Las imágenes tomadas por la NASA mostraron como la cápsula –de 220 kilos de peso- giraba sin control en la atmósfera terrestre, sin ninguna contención posible, hasta que terminó estrellándose en pleno desierto.
Había cierta expectativa con este descenso, ya que la NASA había programado un arriesgado sistema para “cazar” en pleno vuelo la cápsula (Archivo 07-09-2004). El encargado de hacerlo iba a ser un piloto de helicóptero llamado Dan rudert, especialista en acrobacias aéreas y estrella de Hollywood.
El objetivo de la misión era rescatar en pleno vuelo la Génesis para evitar un impacto contra la Tierra, y de esa manera evitar la contaminación de las muestras de la sonda.
La entrada de Génesis en la atmósfera era seguida desde el Campo de Entrenamiento de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en el desierto del estado de Utah, con un sistema de localización GPS (Global Positioning System) que estaba en continua coordinación con los helicópteros de recuperación.
Iba a usar un nuevo sistema de frenado de caída con un innovador parapente de nylon que mide unos 10,5 metros de largo por tres de ancho, que además está reforzado con cables de sujeción de Technora, una variante del Kevlar.
El primer paracaídas iba a ser accionado aproximadamente a 33 kilómetros de altura para estabilizar la cápsula; a 6,7 kilómetros del suelo, el segundo sistema de frenado activaría la apertura de un parapente permitiéndole a la cápsula planear a una velocidad de unos 15 kilómetros por hora.
Dos helicópteros estaban preparados para el enganche de la sonda: uno iba a ejecutar la recogida por el lado posterior del parapente y el segundo volaría en su persecución por si había algún imprevisto. El helicóptero depositará en tierra la cápsula con suavidad para que un equipo de apoyo asegure su sujeción antes de ser transportada a un “recinto seguro”.
Pero todos los planes fallaron. La sonda comenzó a girar sin control y los paracaídas no se abrieron, a pesar del cuidadoso plan de la NASA. El artefacto terminó incrustado en el desierto de Utah.
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