SE EXTIENDE EL BOICOT CONTRA LAS ELECCIONES EN VENEZUELA
Abre la boca sonriendo y asoman sus dientes de un blanco nácar, brillante como el de las teclas de un piano. “Oye chico —dice—, mira qué manzanas y qué peras, son originales, para quedar bien con la suegra.” Adivinando el estupor del cronista, repite: “o-ri-gi-na-les” y aclara que cuatro manzanas cuestan 2.000 bolívares (un dólar) y tres peras, 5.000. Carlos, un “zambo” caraqueño de 31 años, atiende el puesto de frutas sobre el Parque Vargas, en el centro de la capital venezolana, y no quiere ni hablar de política: “Pa’ qué… si todo seguirá igual.”
Como muchos de sus colegas del lugar, el joven frutero está que trina con la decisión de los partidos de la oposición de boicotear los comicios parlamentarios del próximo domingo, en los que —según todos los sondeos— arrasarían los candidatos del oficialismo. El repliegue ha profundizado notablemente el clima de crispación y polarización entre chavistas y opositores y ha generado una grave crisis en la dirigencia contraria al presidente Hugo Chávez, que amenaza con atomizarse aun más. Según la prensa local, el retiro de listas ya llega al 68% de todos los postulantes para las elecciones, que renovarán los 165 escaños del Parlamento unicameral.
“Yo voté por Chávez, pero ahora no sé. Lo de la oposición, sin embargo, es una trastada”, acota Blanca, moradora de Petare, un barrio humilde al oeste capitalino. Sobre el fondo de la estación de metro Bellas Artes, un ejército de nubes gatea sobre la cresta de los cerros que abrazan Caracas. Un aire pesado y vaporoso anuncia más lluvias y la gente se arremolina en torno a decenas de puestos que venden chucherías a precios imposibles. Ese universo de desesperados es parte del electorado cautivo del presidente Chávez, cuya emergencia, en su frustrado golpe de 1992, fue una respuesta al estallido de un modelo de país centrado exclusivamente en la renta petrolera y el clientelismo estatal.
Tras medio siglo de auge del PBI, entre 1918 y 1978, y condiciones favorables para el ascenso social, la pobreza asomó hace 25 años de manera sostenida y nunca se fue. La corrupción de sus clases dirigentes —especialmente de sus dos partidos centrales, la Acción Democrática (AD, socialdemócrata) y el Comité Electoral Independiente (Copei, democristiano)— hizo el resto. Chávez, de 51 años, integra justamente la generación que fue testigo del auge y de la posterior decadencia de la “Venezuela Saudita”.
Según datos oficiales, Venezuela tiene una pésima distribución: el 20% del sector más rico se lleva el 65% del PBI. “Es un petroestado que no ha desarrollado industrias alternativas”, explica a Clarín el ex ministro y periodista Teodoro Petkoff.
De acuerdo con Luis León, director de Datanalisis, la encuestadora más renombrada del país, el 81% del país es pobre y cinco de cada diez habitantes tienen problemas de empleo.
La disputa política actual surgió la semana pasada, cuando la AD —el partido más antiguo— anunció que se retiraba de la elección. Fue al comprobarse que las máquinas electrónicas de votación guardan la secuencia de votos, lo que haría posible conocer quién votó por quién. El Consejo Nacional Electoral retiró el sistema cuestionado y los veedores internacionales afirmaron que no habría más problemas. Pero para los opositores no hay aún garantías de transparencia y exigen, entre otras cosas, que se pospongan los comicios. “Eso es una locura y no lo haremos. Esto muestra que el liderazgo opositor no existe”, dijo a Clarín y a otros periodistas el vicepresidente José Vicente Rangel, durante un concurrido acto oficialista en el centro caraqueño, en el que miles de chavistas marcharon en repudio al retiro de candidaturas de la oposición, encabezados por Rangel, quien agregó que el domingo será “derrotado definitivamente el golpismo”. Los manifestantes, llevando las clásicas camisetas rojas, gritaron consignas contra la oposición, a la que acusan de promover la desestabilización.
Al retiro de AD se sumaron los otros tres grandes partidos opositores, que actualmente suman unos 79 diputados en la Asamblea de 165 parlamentarios. Grupos chavistas y algunos sondeos indican que, de concurrir a los comicios, la presencia del antichavismo quedaría reducida a unos 35 asientos.
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