SE HACÍA PASAR POR ABOGADO Y ESTAFÓ A 800 JUBILADOS
Un hombre que ya había estado preso por cometer estafas haciéndose pasar por abogado fue detenido ayer bajo los mismos cargos. La Policía sostiene que desde que salió de la cárcel, hace diez años, engañó a por lo menos 800 jubilados por sumas que podrían llegar a los 3 millones de pesos. Siempre con la misma mecánica: prometiéndoles que podía conseguirles buenas jubilaciones o el dinero atrapado en el corralito.
Se hacía llamar “doctor” y usaba alternativamente los falsos apellidos de “Rossi”, “Rizzo” o “Rubinstein”. Es uruguayo y tiene 51 años.
La investigación estuvo a cargo del Departamento de Análisis Delictivo de la Federal. El acusado fue detenido en Balbín al 3000. Cerca de ahí había mudado su oficina hacía unos meses, cuando empezó a sospechar que la Policía estaba cerca de él.
Fuentes policiales consultadas por Clarín aseguraron que el estafador fue detenido en su “estudio jurídico”. El allanamiento lo dirigió el comisario inspector René Derecho y la orden de captura la dictó la jueza Wilma López, provisoriamente a cargo del Juzgado de Instrucción N° 26 de la Capital Federal.
Los voceros explicaron que la cantidad de causas que el sospechoso tiene en este juzgado son más de 80. Pero, de acuerdo a informes preliminares, esto representa sólo el 10 por ciento de las denuncias que se formularon en su contra; en algunos casos, éstas figuran a nombre de Rossi, Rizzo o Rubinstein —sus falsos apellidos— y en otras, sólo su descripción física.
Su estrategia estaba dirigida exclusivamente a personas mayores. Pero su principal virtud era su poder de convencimiento: citando leyes, les insistía a sus víctimas acerca de la conveniencia de presentar tal o cual demanda para obtener anticipadamente una jubilación o para retirar plata del corralito. Y, a cambio, antes de empezar cualquier trámite, les exigía un mínimo de 500 pesos como adelanto de gastos.
“No es que esta gente fuera demasiado inocente. La astucia de esta persona es realmente grandísima”, precisaron las fuentes policiales a Clarín. En 1989, había sido condenado a 4 años de prisión por “estafas reiteradas” a decenas de jubilados.
“Es muy audaz, simpático, conversador. Como tiene conocimientos de Derecho y es medianamente culto, mentía presentándose como abogado. Y en algunos casos decía que trabajaba en el Ministerio de Acción Social y en la Caja de Jubilaciones”, agregaron los voceros.
Las estafas se cometieron en la Ciudad de Buenos Aires y en el conurbano. El acusado buscaba a sus víctimas de distintas maneras: en centros de jubilados, por la calle y hasta por la guía telefónica.
Concertaba entrevistas en su estudio y ahí conseguía los adelantos de dinero. “Citaba supuestas leyes y decretos que se podían aplicar con retroactividad. El decía que se ocupaba de todo, que sólo bastaban un par de firmas y el adelanto correspondiente”, contaron los voceros.
Además, les recomendaba a las víctimas contar, también, con un patrimonio que los respaldase. Por ejemplo, alhajas, comprobantes de cuentas bancarias, depósitos, plazos fijos y cajas de ahorro.
Para darle sensación de credibilidad a todo, el estafador labraba un acta en las casas de las víctimas. El instrumento no tenía ningún valor legal: sólo dejaba consignado todo lo conversado en la reunión. Ante la menor dificultad, que se presentaba no bien alguna de las víctimas iba a Tribunales a revisar el expediente, Rossi, Rizzo o Rubinstein eran imposibles de hallar.
La Policía pidió a quienes tengan denuncias para hacer sobre casos similares, las hagan en el Departamento Análisis Delictivo de la Federal, en Gurruchaga 2430 (Capital) o en el mismo Juzgado de Instrucción N° 26.
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