SE INFILTRÓ EN UN TALLER ILEGAL PARA DENUNCIAR A UNA MARCA DE ROPA
Simona tiene 44 años y seis hijos. Hace dos años vino desde La Paz, Bolivia, con su familia a buscar trabajo. Terminó en un taller textil ilegal donde la hacían trabajar todos los días de 8 de la mañana a 1 de la madrugada siguiente. Como sufre reuma, tuvo que dejar de trabajar. Y al ser desalojada de donde vivía, se acercó a pedir ayuda a la cooperativa La Alameda, que nuclea a muchos bolivianos que lograron zafar del infierno del trabajo esclavo. Por precaución, hoy pide que no se publique su apellido. Pero para ayudar a sus paisanos no tuvo miedo: Simona se infiltró en un taller ilegal que produciría —según denuncian— medias para la marca Kosiuko. Su testimonio, como el de otros espías, fue una de las pruebas que le permitieron al Gobierno porteño denunciar el lunes a la empresa por vender ropa fabricada ilegalmente.
El 29 de marzo un incendio en un taller ilegal de Caballito provocó la muerte de cuatro nenes y dos adultos y destapó el tema del trabajo esclavo. El 26 de abril, La Alameda denunció que 50 grandes marcas confeccionaban su ropa en 108 talleres truchos. A los tres días, la Ciudad las intimó a que declararan cuáles eran sus fábricas proveedoras. Kosiuko presentó 17 direcciones. Uno de esos talleres quedaba en Mosconi 3043, y aparecía como de la firma “Andbrava S.R.L”, que producía medias. Hacia allí fue Simona.
“Encontré un edificio con un garaje y un primer piso —contó—. Toqué el timbre y me atendió una mujer de unos 35 años. Le dije que buscaba trabajo, y que una señora del barrio me había dicho que allí funcionaba un taller. Al principio sospechó, pero accedió a tomarme una prueba de dos horas. Como la hice bien, me quiso contratar ese mismo día, pero le dije que tenía hijos y no podía dejarlos así. Entonces arreglé que iría al día siguiente. Le aclaré que no tenía DNI, pero me dijo que eso no importaba”.
Al otro día Simona regresó. “Trabajé desde las 7 hasta las 19, con una sola hora de descanso. Me dijeron que tenía que hacer 150 docenas de pares de medias por día, y que me pagarían $ 350 por quincena. Pero trabajé 12 horas y sólo pude hacer 120 docenas”, recordó.
Según la espía el edificio tenía un garaje, sin ventilación, en el que cuatro hombres tejían las medias. En la planta alta había otro espacio, también cerrado, donde trabajaban un planchador y ocho mujeres. Todos eran bolivianos. “No había matafuegos ni salidas de emergencia. No nos dieron nada de comer. Las chicas tomaban mate y comían algún sandwich, pero no querían parar de trabajar para llegar a producir la cantidad de medias que nos pedían. Me contaron que aceptaban trabajar así porque necesitaban el dinero”.
Simona aseguró que escuchó cómo la mujer que la contrató hablaba con otra persona y le decía que “había que mandar las medias de Kosiuko” a algún lugar. También vio las etiquetas originales de la marca (que pertenece a la firma Kowsef S.A.). “Intenté tomar una, pero tuve miedo de que me vieran”, contó.
Tras las 12 horas de trabajo, y con su reuma a cuestas, Simona salió del taller, para ya no volver. “Sentí mucha rabia, me parecía que estaba viviendo de nuevo lo que me había pasado cuando llegué a Argentina. Lo único que quiero es justicia”, contó, aún con bronca. Gustavo Vera, presidente de La Alameda, agregó: “Hubo contratación de un indocumentado, violación de convenio de trabajo, fallas de seguridad e higiene y falsificación de marca, porque también se fabricaban medias con el logo de Adidas”.
Cabe aclarar que de las 17 direcciones declaradas en su momento por Kosiuko, la Ciudad inspeccionó 13: nueve eran falsas (había viviendas u oficinas); dos quedaban en el GBA; una no existía y en las otras sí había talleres, pero con problemas de seguridad e higiene.
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