SE JUEGA MAÑANA EL CLÁSICO ROSARINO
Historias clásicas. Las de Américo Gallego y Miguel Russo. Historias de cábalas, sueños, proyecciones, números, resultados. Después de 23 años de ausencias, de recorrer el mundo defendiendo otras camisetas, Gallego regresó al lugar en el que dio sus primeros pasos como futbolista. Más de dos décadas lo separan entonces de su última experiencia en un encuentro entre Newell’s y Central.
“Como jugador me ha ido bastante bien”, recuerda el Tolo, que mañana reeditará aquella experiencia pero desde el banco de suplentes. Las estadísticas, sin embargo, se empeñan en contradecirlo. Puede hablar de victorias y derrotas Gallego, pero en ningún caso ubicarse en el bando de los invencibles: en 20 partidos —dos de ellos por la Copa Libertadores— sumó 6 victorias, 8 empates y otras 6 caídas. Anotó un gol, algo infrecuente en él, y puede colgarse una medalla: en 1980 participó de un 3 a 0 que quebró una racha de 15 años sin éxitos en territorio ajeno.
Otro es el recorrido de Miguel Russo, formado como jugador en la ciudad de La Plata, donde el clásico también tiene un microclima especial. Aquí, en Rosario, los resultados le sonríen. No conoce la derrota, y los hinchas recuerdan su presencia como técnico en aquel partido disputado en noviembre de 1997: Central derrotaba 4 a 0 a Newell’s, que al quedarse con 6 futbolistas obligó a una temprana suspensión.
Además de ese resonante triunfo, Russo disfrutó de otro éxito y de dos empates. Lo que se dice un palmarés envidiable. Se lo recordaron en la semana y él, hombre de respetar viejos códigos, fulminó con la mirada al interlocutor de turno. Lejos de sentirse halagado, tomó la referencia como un mal augurio.
Más allá de los números, los dos parecen aferrarse a sus cábalas. El Tolo dice escaparle a esas costumbres porque, según él, “veo a tantos que rezan y después se comen cuatro que prefiero confiar en el trabajo semanal”. Pero la chomba roja que lo acompañó en los últimos partidos —San Lorenzo (1-0) y Gimnasia (5-2)—, parece tener un lugar de preferencia en su vestuario.
Algo parecido le sucede a Russo, que encontró la fórmula del éxito ante Estudiantes y Olimpia de Paraguay luciendo una camisa celeste que no piensa abandonar justo en este momento. Un llamado de atención para ambos: la temperatura quizás los obligue a sumar algún abrigo.
Los dos, cada uno con su estilo, coinciden al asegurar que están a punto de vivir “uno de los mejores clásicos del país”, descartan el empate como un negocio redituable y se tratan con respeto, a pesar de haber representado como futbolistas (y en el mismo puesto: volante central) a escuelas contrapuestas como las que encabezaron César Menotti y Carlos Bilardo. “Miguel es un amigo”, confirma Gallego sobre Russo. El domingo, claro está, las cortesías quedarán a un lado.
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