SE LARGÓ LA SEGUNDA PARTE DE LA NOVELA DEL FRENTE OPOSITOR
Parece que empezó nomás la segunda parte de la novela. Y también parece que va para largo.
Los protagonistas ya hicieron su estelar aparición: el ARI y el socialismo buscarán que su amor –léase: su eventual alianza electoral– finalmente se imponga, pero desde atrás de la puerta, como sucede en todo culebrón que se precie de tal, el radicalismo provincial escucha las conversaciones prohibidas. Quizás prepara su irrupción, pero por ahora su mutismo es casi total.
(Mientras tanto, en el canal de la competencia se sucede otra novela: la interna peronista. Pero ese es otro canal).
Así como a nivel nacional hay una historia –protagonizada por el ex presidente Raúl Alfonsín, quien va en obstinada búsqueda del amor del ex ministro Roberto Lavagna– que comienza a captar la atención del resto de los sectores políticos, en la provincia la segunda parte del culebrón entre el ARI y el socialismo comienza a repuntar en la siempre exigente batalla por el rating.
Ayer, la diputada provincial del ARI Alicia Gutiérrez decidió que esta semana ya se había dicho demasiado y prefirió enfriar los ánimos, quizás especulando con la vieja receta de mantener el suspenso para enganchar a los espectadores. O quizás por otros motivos.
Lo cierto es que Gutiérrez retomó el viejo discurso del ARI respecto de la posibilidad de sumarse al Frente Progresista Cívico y Social, principal oposición electoral en la provincia. Los dos motivos que históricamente dispararon las sucesivas negativas del partido de Elisa Carrió respecto de una posible apertura hacia el Frente son conocidos: la presencia de los radicales en la coalición y la extrema tibieza de Hermes Binner, que desde hace un tiempo –y a un ritmo cada vez mayor– se acerca al oficialismo nacional.
Esos dos motivos le alcanzan a Carrió para descartar, desde Buenos Aires, la posibilidad de que su partido se sume al Frente opositor; sin embargo, en un gesto histórico –más por ser el primero que por otra cosa– el ARI provincial resolvió desoír a su líder y comenzó a analizar el escenario actual y las posibles alianzas de cara a las elecciones del año que viene.
Claro: el ARI quiere dejar de mirar de afuera la pelea que, fronteras adentro, libran el justicialismo y el Frente Progresista. Quiere entrar en la discusión. Y quizás por ello Gutiérrez destacó ayer la idea que los guía a la hora de encarar las negociaciones con los dirigentes del Frente: “Tenemos una decisión firme: cambiar el signo político en la provincia, después de 24 años de gobiernos justicialistas”, dijo la diputada. “Pero de ninguna manera esto significa que hayamos decidido incorporarnos al Frente Progresista Cívico y Social”, completó.
Gutiérrez confió a LT9 que, puertas adentro, su partido está debatiendo la posibilidad de unir fuerzas con las huestes Binner, pero aclaró que la primera propuesta incluye una “alianza de conductas” y recién en segundo lugar aparece la posibilidad de consensuar un eventual “programa” de gobierno.
Un debate que durará sus capítulos, según parece.
Pero claro: la voz de Gutiérrez es sólo eso, una voz. En la otra punta del coro, la diputada nacional Susana García –más cercana a Carrió– eligió apurar primero una decisión de Binner y dejar en segundo plano el debate interno de su propio partido. Al comenzar la semana –esto es: hace una eternidad–, García opinó que el virtual candidato a gobernador por el Frente opositor y dos veces intendente de Rosario se parece mucho a un pantalón capri: ni corto ni largo.
La línea argumental de García es clara y abreva en las opiniones históricas del ARI respecto de los socialistas en general y de Binner en particular. Así las cosas, todo indica que –ya presentados los protagonistas– el culebrón recién está ofreciendo sus primeros capítulos. Y eso que todavía no irrumpió en escena el tercer animador, el galán despechado, la fuerza política que aporta la tan mentada “estructura provincial imprescindible”: el radicalismo.
La segunda parte de esta novela –su versión 2003 es ya un ajado recuerdo– recién comenzó; el resto está en manos de los guionistas. Y del rating.
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