SE RESOLVIÓ EL CASO DE LA MAESTRA QUE SE LLEVÓ UNA ALUMNA A LA CASA
El juez de Menores Carlos Zaldarriaga restituirá hoy a su familia a la nena de cinco años que una maestra se llevó a su casa durante todo el fin de semana pasado, aduciendo que manifestaba estar sola, con temor y enferma. Ayer Jéssica maestra y Jéssica mamá estuvieron a sólo una pared de distancia en el juzgado, una ostentando la guardia temporal que le dio el propio juzgado y la otra reclamando la devolución de la niña. Su futuro quedará definido a media mañana de hoy, una vez que el juez tenga en sus manos el resultado de un test psicológico y los informes ambientales del hogar que le encargó a profesionales del Poder Judicial. Es probable que la mamá y la hija se muden a vivir a la casa de una tía.
La casualidad quiso que la mamá y la maestra que se llevó a la piba a su casa lleven el mismo nombre. La primera tiene 24 años, es madre soltera, su apellido es Fernández, beneficiaria de un plan Jefas y Jefes de Hogar, tiene una discapacidad en una de sus piernas y vive junto a su madre, sus dos hermanos menores de edad y sus tres hijos, entre ellos Ayelén.
La otra Jéssica, de apellido Víttori, la que protagonizó esta historia “sin pensar en las consecuencias y sin medir riesgos”, “sensibilizada por su situación”, está casada hace varios años pero no tiene hijos, vive en Roldán y tiene un título docente desde hace seis años, a pesar de que este es el primero que ejerce en condición de reemplazante en la escuela EGB 1.358 Macacha Güemes, ubicada en Cerrito y Teniente Agneta.
Ayer, las vidas de estas dos mujeres se cruzaron en el juzgado de Menores donde ambas había sido citadas. La maestra llegó acompañada por la niña y a pesar de que la madre estaba a un puñado de metros de distancia, el juez consideró que no era conveniente que se vea con su hija, ya que había decidido que permanezca por lo menos hasta esta mañana en la vivienda de Roldán.
Como se estila en estos casos, para evitar la exposición de la menor ante los medios de comunicación, la docente y Ayelén entraron y salieron por un acceso directo que el juzgado tiene al subsuelo. Peor la pasó la aterrada mamá, que al salir de la audiencia se vio acorralada por una horda de periodistas que, ansiosos, exigían explicaciones sobre las razones del supuesto abandono. En ese apuro, a los tropezones entre las cámaras y los grabadores, la joven mamá pudo articular una única frase: “Lo único que quiero es recuperar a mi hija, no quiero decir nada más”.
Un rato antes, ante los medios, el juez Zaldarriaga había dicho que “en principio el grupo familiar (de la menor) aparece como un poco negligente. Porque para cualquier persona del rango cultural que sea, que un chico no vuelva de la escuela es para ir a la policía a ver qué pasa. A mí lo que me llamó la atención es que después de tres días se hizo la denuncia. Por eso resolví investigar el grupo social de pertenencia de la chiquita”.
Jéssica mamá llegó a Tribunales acompañada por las abogadas Agustina Rafuls, Vanesa Rosa y Marina Massa, quienes formalmente solicitaron la entrega de la niña a su madre.
Las abogadas defensoras brindaron una serie de datos que completan el cuadro de situación pintado originalmente por Jéssica maestra. Confirmaron que la niña vive “a sólo 50 metros de la escuela” y se preguntaron por qué “la maestra nunca optó por ir a golpear la puerta de la vivienda”. Con respecto a la denuncia por la desaparición de la chica, las abogadas contaron que recién quedó radicada el domingo porque el personal de la comisaría 14ª se negó a tomarla el sábado, cuando se presentó por primera vez Jéssica mamá.
Si bien explicaron que la vivienda donde Ayelén vive con el grupo familiar de ocho integrantes “es humilde pero tiene las condiciones y los servicios mínimos”, dieron a conocer que “una tía de Jéssica que vive con su marido y que están bien económicamente, ofreció al juzgado que la madre y la niña vayan a vivir con ellos”.
Rafuls también explicó que Ayelén, “por razones desconocidas, hacía más de un mes que no iba a la escuela aunque sí asistía al comedor”.
Este último es un dato que para las autoridades de Educación de la provincia cobra importancia (ver aparte). Jéssica maestra estaba hasta el viernes al frente de un grado de la escuela 1.358, mientras que la niña asistía al Jardín de Infantes 238 que, si bien conviven en el mismo terreno, son dos instituciones diferentes. De todos modos, Jéssica maestra argumentó que junto a otras docentes venían siguiendo el estado de la niña en el comedor donde, según ella, “se quedaba quieta y triste, calentándose junto a la estufa, con su ropa mojada y su nariz moqueante”.
El cuadro que presentaba el viernes pasado Ayelén y que conmovió a la maestra Jéssica Vittori no es de los peores que suelen verse en las escuelas enclavadas en las barriadas sacudidas por la pobreza endémica y la marginalidad. Las maestras suelen lidiar con problemas de desnutrición en diferentes niveles, estados de salud calamitosos, encierros de días enteros, violencia familiar, incluso hasta casos de abuso sexual.
Ante la falta de condiciones adecuadas, Jéssica maestra creyó en la necesidad de investirse en Jéssica mamá y hasta manifestó en público y en forma unilateral la intención de adoptar a Ayelén. Un juez de Menores tiene la ley y la palabra.
FANTASÍA
La psicopedagoga Mirta Guelman de Javkin opinó ayer que “el Estado, el vecino y todos tienen que ayudar a reforzar la estructura familiar y, si faltan estos roles, hay que hablar de funciones complementarias y no sustitutas, no quitar sino complementar, por eso creo que lo que ocurrió con esta niña se asemeja mucho a un secuestro”. Guelman aseguró que comprende la actitud de la maestra: “Ella reaccionó con su corazón, no con la ley, pero hay que tener cuidado, para tener la neutralidad valorativa para escuchar a todas las partes”. También recordó que el resto de los familiares de Ayelén tienen derecho a ser convocados, como por ejemplo abuelos y tíos. “Me parece hermoso el gesto, pero no que esta maestra que tiene 7 años de casada y no tiene hijos fantasee con asilar a la nena como hija sin respetar a una mujer que el Estado no protege para ser madre”.
DESDE EL MINISTERIO CREEN QUE FUE UN PROBLEMA POR AFUERA DEL SISTEMA EDUCATIVO
La delegada de la Región VI del Ministerio de Educación de la provincia, Adriana Bertolotti, puso reparos sobre la actitud que asumió la docente Jéssica Vittori al llevarse a su casa a la niña de cinco años. Para Bertolotti “se trató de un problema extra sistema educativo, es decir fue una decisión individual de una persona que optó por tomar una niña ante una determinada problemática y conducirla a su vivienda”.
“Yo puedo hablar de lo que debió ser. Y en ese caso la opción no es llevar a la niña a la casa. Hay que tratar de mandar al portero de la escuela a buscar un familiar, dar la voz para que los otros chicos que la conocen avisen, concurrir a la fuerza pública, la policía. La polis es ciudad, guarda el orden público”. La funcionaria opinó que “la cuestión es que el derecho de maternidad es inalienable. La niña es hija de alguien. No puedo, yo sola, por mi cuenta, tomar una decisión así. Hay medidas, instituciones asistenciales para responder en estos casos. Estamos en una sociedad que tiene un nivel de organización social que supone que las cosas no se arreglan llevándose una niña a su casa”.
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