SE SUSPENDIÓ EL PARTIDO ENTRE SAN LORENZO Y RIVER
El árbitro Daniel Giménez fue terminante. Dos veces le había advertido a los hinchas de River que pararan de tirar piedras y la tercera fue la vencida. “Así no seguimos”, fue su grito ante las cámaras de televisión. Y no siguió: decidió a los 32 minutos del primer tiempo la suspensión del partido, cuando San Lorenzo le ganaba a River 1 a 0, con un gol de Luna.
Nada hizo cambiar la decisión del juez, ni siquiera los airados reclamos de los simpatizantes, quienes insistieron durante un largo rato para que el espectáculo continuara. Al principio, tanto los cuerpos técnicos como los propios jugadores, de uno y otro lado, trataron de convencer a Giménez para que la pelota siguiera rodando. Pero enseguida entraron en razón y se dieron cuenta de que la medida era la acertada. “En esas condiciones no se podía seguir. Giménez hizo lo correcto”, confesó Claudio Husain, en su vuelta a River después de una larga inactividad por una lesión.
Antes de que se produjera la suspensión, hubo un partido de fútbol. Que tuvo sus altos y sus bajos. San Lorenzo se encontró muy rápido con la ventaja, cuando todavía se estaba armando el partido. Había mucho estudio de por medio en el momento en que el equipo de Gorosito salió rápido del fondo y encontró a los jugadores de River a contrapierna, volviendo hacia atrás. Santana, a la carrera, sacó un zurdazo bajo que el arquero Costanzo dio rebote hacia al medio. Y ahí, sólo y con absoluta comodidad, entró Luna para definir. Uno a cero, a los quince minutos del primer tiempo.
Ese gol potenció aún más los esquemas de ambos. River, que de antemano salió con la intención firme de desequilibrar, se jugó en ataque. Adelantó a sus defensores y también a los volantes, con la clara intención de ahogar a San Lorenzo, que se replegó a cuidar la diferencia.
Cuevas, fundamentalmente, fue el protagonista excluyente de todos los intentos de su equipo. Iba e iba, pero abusó de la personal, en lugar de habilitar a un compañero. Mientras que San Lorenzo, teniendo mucho menos la pelota, se las ingenió para crear mucho más peligro, sobre todo cuando llegaba alternadamente por los laterales.
Los hinchas de River, vaya uno a saber por qué, empezaron a tirar piedras. Giménez lo adviritió. La Policía también, pero no hizo nada para evitar la suspensión. Se jugaban 32 minutos del primer tiempo y ahí el juez puso la pelota en sus manos. Clara señal de que el partido no seguía. Los lamentos, claro, se generalizaron.
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