Según el cristal
Dice ella desde la oficina de Minera La Alumbrera que los obreros son los mejores remunerados de Catamarca. Que nadie gana menos de dos mil pesos y que no hay motivos para que los mineros hagan huelga. Que todos duermen y comen a cargo de la empresa y que las medidas de seguridad para los operarios son extremas.
Dice el desde su jornada de descanso en la mina que los obreros quieren contar, pero que tienen miedo que los echen, como al delegado que fue reelecto por sus compañeros por dos temporadas consecutivas. Que hay quienes ganan apenas mil pesos, un mal sueldo para un trabajo que consume la vida como el de la mina y que es dudoso el cuidado del medio ambiente que hace la minera.
Dice ella desde un escritorio en San Fernando del Valle que no puede dar detalles de los números que maneja la minera porque no está autorizada. Pero que sí puede contar que han comprado ambulancias para la gente de la zona, que han pavimentado caminos y que han hecho un puente, porque además de recaudar, así son de generosos.
Dice él tras la semana laboral de “siete por siete”, de “doce horas por doce” que la minera facturó unos trescientos millones de dólares en un trimestre, que lo que compran para la región es una parte tan ínfima de lo que ganan que hasta se dan el lujo de dejar enterradas las camionetas 4×4 que han sido usadas y que la mayor parte de la ruta está intransitable, algo que puede dar fe un periodista ambulante.
Dice ella desde su despacho que hasta fin de año están comprometidos los viajes en avión a la mina con gente que quiere mirar cómo se trabaja allí. Que preferentemente llevan chicos de las escuelas, hijos de los obreros, para que sepan dónde trabajan sus padres y que también viajan periodistas, a los que, una vez tomadas las correspondientes medidas de seguridad, se les ofrece una visita guiada.
Dice él que los hijos de los mineros deberían saber –como todo el mundo- el negociado estupendo que se hacen los capitales extranjeros a costillas del trabajo de los obreros que, efectivamente, viven en la mina, arriesgando su cuerpo y su vida para que otros les cuenten a los hijos cómo es el trabajo que ellos hacen.
Este contenido no está abierto a comentarios

