SELLAN UN ACUERDO PARA LIMITAR LAS IMPORTACIONES BRASILEÑAS
La Argentina y Brasil crearon un mecanismo comercial que evitaría que las industrias de ambos países compitan deslealmente. Se negociaba desde setiembre del 2004 y el de ayer fue el primer acuerdo que ambos socios del Mercosur logran en materia económica en los últimos 3 años.
Las pronunciadas ojeras de los funcionarios que encabezaron la negociación, que llevó 21 horas ininterrumpidas en la Cancillería argentina, se transformaron en sonrisas de alivio cuando lograron fumar la pipa de la paz a las 7 de la mañana de ayer y se ganaron las felicitaciones de ambos presidentes. Apenas terminó su desayuno, Néstor Kirchner se comunicó con su par de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, para celebrar el éxito de las negociaciones. Kirchner “elogió a las dos delegaciones, que demostraron capacidad de trabajar juntas en favor de objetivos comunes”. A su vez, Lula manifestó su satisfacción y le pidió a Kirchner que saludara en su nombre a las delegaciones que negociaron el Mecanismo de Adecuación Comercial. Ahora el MAC se incorpora como un instrumento, en principio de ambos socios, pero se extendería a todo el bloque.
En la práctica ese sistema permite limitar las importaciones brasileñas si un sector industrial argentino denuncia daño o amenaza de daño por parte de sus pares brasileños y, luego, logra demostrarlo. Si es así, el MAC se gatilla desde el país importador, que le aplica a esos productos un arancel de importación de hasta el 90% de la tasa que se le cobra a los importados que provienen desde fuera del Mercosur. El resguardo permanece por 3 años, con la opción a ser extendido otro más y, durante ese tiempo, el productor damnificado debe reconvertirse.
Ahora bien, el impacto político de este acuerdo es mucho mayor porque le da un marco institucional al Mercosur para resolver conflictos comerciales en sectores considerados sensibles. En el caso argentino son los calzados, los textiles, electrodomésticos y juguetes. En rigor, son los nichos de mercado que presentaron problemas desde el comienzo del Mercosur, en enero de 1995.
En el fondo, este acuerdo busca incentivar que sean los sectores privados los que acuerden. Desde la visión regional se apuntaría a fortalecer la complementación industrial dentro del Mercosur, en un contexto internacional donde hay países que crecen muchísimo más que los del bloque tanto por sus volúmenes de producción como por sus precios internacionales. Por ejemplo, China y otros países asiáticos. Además, el pacto anunciado ayer se da en un escenario en que tanto Argentina como Brasil necesitan atraer inversiones a sus sectores productivos para sostener el crecimiento de sus economías.
“Estamos muy satisfechos, alegres y optimistas porque hoy se plasmó un resultado muy favorable para el desarrollo del Mercosur”, consideró ayer la ministra de Economía, Felisa Miceli, en una conferencia de prensa junto al canciller, Jorge Taiana, el vicecanciller brasileño Samuel Pinheiro Guimaraes, y el secretario de Desarrollo de ese país, Ivan Ramalho. Esos funcionarios brasileños compartieron la maratónica negociación con los secretarios argentinos, Miguel Peirano y Alfredo Chiaradía.
Mientras en los sectores empresarios argentinos la noticia se recibió con entusiasmo (ver Espaldarazo de los industriales argentinos), la duda es qué pasará con sus precios, ahora que quedan más protegidos. En Brasil los ánimos fueron los opuestos. La poderosa central fabril paulista, FIESP, lo calificó de “un grave error”. Sin embargo, Pinheiro Guimaraes salió ayer al cruce de esta consideración. Dijo que “no es un mecanismo de control del comercio, sino que permite la diversificación de nuestras relaciones económicas, tecnológicas y productivas”.
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