SENADO: LA RUTA DE LAS COIMAS, EN LOS LLAMADOS A TELÉFONOS CELULARES
La escena parece de película. Pero ocurrió en la realidad. Y fue reconstruida, minuto a minuto, en un expediente judicial a partir del seguimiento de los teléfonos celulares, un recurso cada vez más útil para la Justicia. La noche del 26 de abril de 2000 se aprobó la polémica reforma laboral. Y apenas media hora después empezaron a pagarse las coimas. Esta es la reconstrucción judicial:
20.40: Antes del final de la sesión, el justicialista salteño Emilio Cantarero se retiró intempestivamente del Congreso. En Tribunales adujo que tuvo un inesperado ataque de asma. Pero no fue al médico sino directo a su casa (Callao 1987), donde llegó alrededor de las 21.
21.33: Termina la sesión, el “arrepentido” secretario parlamentario Mario Pontaquarto activa su celular y lo primero que hace es llamar a la casa de Cantarero. Después habla con su esposa, para decirle que prepare el dinero que una semana atrás había retirado de la SIDE. Lo pasa a buscar por el hotel Howard Jonson, donde luego dormirían esa noche.
21.52: Pontaquarto llama al celular de Cantarero para que le abran la puerta del garaje. Es el único llamado que se registra entre estos teléfonos en todo el año 2000. Los teléfonos del arrepentido y el senador aparecen en las celdas 52 y 152 de sus respectivas empresas de telefonía móvil. Esto indica que la antena que registra sus señales es la ubicada en Callao y Alvear, a sólo dos cuadras de lo de Cantarero.
22.00: “Vienen los muchachos”, le dice Cantarero a Pontaquarto, en referencia a sus colegas de bancada. En ese momento recibía en su celular el segundo llamado de uno de ellos, el rionegrino Remo Costanzo. El “arrepentido” le deja la plata y se retira. Son 4,3 millones de pesos/dólares. Los otros 700 mil que faltan para completar los 5 millones que Pontaquarto retiró de la SIDE habrían sido repartidos a medias al día siguiente entre Genoud y Flamarique.
22.40: Costanzo ya está en lo de Cantarero. Así lo prueba el primero de una serie de ocho llamados que hace desde el teléfono de línea de Cantarero a su propia provincia, incluidos teléfonos de sus familiares. Además, recibe llamados en su celular, ubicado en la fatídica celda de Callao y Alvear.
23.08: El celular de Augusto Alasino aparece en la zona del departamento de Cantarero. Diez minutos después, Alberto Tell, otro de los ex senadores procesados, lo llama a Cantarero camino a su casa, desde Callao y Santa Fe. El celular de su chofer aparece dos horas después en la zona del departamento de Cantarero. Y lo mismo ocurre a las 23.30 con el aparato móvil de Ricardo Branda, el último senador en llegar a la casa del presunto “repartidor”.
Según determinó el juez Daniel Rafecas en su completa pesquisa, nunca hubo tantos contactos telefónicos entre todos estos involucrados como aquella noche. Además, hay que reparar en los cargos que ostentaban. Alasino era el presidente del bloque del PJ; Costanzo, el vice; Tell presidía la comisión de Trabajo y fue el miembro informante del bloque; y Branda era titular de la de Legislación General.
“La información obtenida por el Tribunal a partir de listados de llamadas entrantes y salientes, y ubicación de teléfonos celulares gracias al sistema de celdas y antenas orientadoras ha sido tan contundente en confirmar el relato de Pontaquarto, y a la vez, en descartar por falsos o ilógicos los descargos de los demás coimputados, que dicha información se ha convertido en determinante para que este proceso, en definitiva, esté en condiciones cuanto menos, de ir a juicio oral y público”, escribió Rafecas en su resolución, de más de mil carillas.
Tan meticuloso fue el trabajo del juez que descubrió que el ex secretario de Inteligencia Fernando de Santibañes habría “fraguado” —según fuentes judiciales— un informe pericial sobre los teléfonos de Pontaquarto. Por eso hizo una denuncia para que se investigue si hubo otro delito.
Este contenido no está abierto a comentarios

