SERGIO AGÜERO HIZO GRITAR A MEDIA AVELLANEDA
Una nueva edición del clásico de Avellaneda acaparaba la atención en un sábado atípico, con cinco partidos del Torneo Clausura. El Cilindro no estaba repleto, pero la expectativa era grande por ver el debut de Diego Simeone como técnico de la Academia enfrentando al Independiente de Falcioni.
La floja realidad de los locales quedaba reflejada en su posición en la tabla al entrar a esta sexta fecha: sólo un punto sobre quince posibles. Los malos resultados, que derivaron en la abrupta salida de Teté Quiroz, trajeron la imperiosa necesidad de ganar esta tarde ante el clásico rival para empezar a encontrar el rumbo. No era un fácil debut para Simeone, pero el “Cholo” quería arrancar con el pie derecho y ya dejaba su sello poniendo en cancha un equipo con muchos jugadores surgidos de las Inferiores.
Enfrente estaba el Rojo, con un plantel que prometía más de lo que había dado hasta ahora y dependiendo en gran parte de lo que pueda hacer Sergio Agüero, quizás el delantero más desequilibrante del fútbol local. Aprovechar la poca experiencia del equipo rival parecía ser una de las claves para el éxito de los visitantes.
Independiente avisó a los 2 minutos por intermedio de Bustos Montoya, pero enseguida Racing empezó a hacer pie y, con más ganas que fútbol, dominaba la pelota y arrinconaba a su rival. La primera la tuvo a los 10, cuando Villanueva se escapó por la izquierda y tiró un centro atrás que Pablo González no llegó a conectar gracias a la buena reacción de Méndez.
Biglia y Agüero buscaban armar una sociedad en el Rojo, pero el mediocampo de Racing era una pared muy difícil de pasar. Sin brillo, aunque con mucha actitud, los locales eran más. Al llegar a los 20, el chileno Villanueva era quien más peligro llevaba en ataque. Su gran movilidad era una complicación para la última línea de los visitantes.
Recién a los 30 reaccionó el equipo de Falcioni y empezó a adueñarse de la pelota en el medio. Machín y Biglia ahora controlaban a los volantes de la Academia, aunque las situaciones no aparecían: sólo una chance aislada de Agüero, quien no llegó a conectar en el primer palo un centro de Lorgio Álvarez. Así se fue un primer tiempo opaco, con mucha tensión pero muy poco fútbol.
Falcioni metió un cambio para encarar la segunda etapa: Fabbro por Buján. El ingresado se mostró como una buena variante por la banda derecha, mientras que Agüero empezó a hacer de las suyas. A los 2 minutos desequilibró por la izquierda, dejó en el camino a De la Fuente y Cabral, y mandó un centro para la cabeza de Bustos Montoya. Campagnuolo logró contener.
Con muy poco, Independiente era más. Y enseguida logró reflejarlo en el marcador, cuando Agüero recibió la descarga de Bustos Montoya, encaró hacia la medialuna y definió rasante, de zurda. La pelota entró pegada al palo y se convirtió en la primera emoción del partido. Golazo y 1-0 para el Rojo.
Tres minutos más tarde, a los 12, Ustari estuvo atento para habilitar rápido a Agüero, que quedó mano a mano con el chico Shaffer. El Kun ganó de cabeza y enganchó ante la salida de Campagnuolo y el cierre del defensor. Con habilidad, pudo encontrar el hueco para definir de derecha y hacer delirar a medio estadio. Era 2-0, un resultado parcial que marcaba la contundencia del Rojo.
Fue un golpe duro para el equipo del Cholo Simeone, que había hecho un poco mejor las cosas en la primera parte y repentinamente se encontraba 2-0 abajo. Por eso intentó reaccionar empujado por su gente, pero no llegó a inquietar el arco de Ustari. ¿Independiente? Esperaba tranquilo y apostaba a meter una contra con Agüero, el amo y señor del clásico.
Algunos simpatizantes locales se mostraron furiosos por el destino del partido y comenzaron los incidentes en el sector de las cabinas de transmisión. El principal destinatario de los insultos era Fernando Marín. Héctor Baldassi, de correcta actuación, tomó la sensata decisión de terminar un encuentro que hace rato estaba definido.
Se cerró así un nuevo capítulo en la historia de Racing-Independiente. Los del Rojo se fueron festejando a lo grande. El mayor mérito del equipo de Falcioni fue la contundencia y, una vez más, tener a Sergio Agüero, un jugador diferente. Simeone, en cambio, tendrá que trabajar y mucho para levantar el ánimo de un plantel que venía mal y hoy tuvo un nuevo traspié.
Este contenido no está abierto a comentarios

