SERÍAN CUATRO MENORES LOS ASESINOS DE MAGÁN
El último sábado, alrededor de las 11.45, el cabo de policía Cristian Magán conversaba despreocupadamente con un cliente mayorista de “Aves del Sur” cuando a la puerta del local que da sobre avenida Vicente Peñaloza se acercó un grupo formado por cuatro sujetos jóvenes, ninguno de ellos mayor de 17 años de edad.
Magán no vestía uniforme. El cabo estaba de pie junto a la puerta -abierta-, de la cámara frigorífica, sólo atento a las palabras de su interlocutor e indiferente al avance de los desconocidos. Sobre el fondo de su camisa celeste resaltaba la culata de la reglamentaria que asomaba del cinturón. Entre uno y otro un empleado iba y venía con cajones cargados de pollos.
Cuando los delincuentes se aproximaban al comercio, además de Magán, el cliente y el empleado de marras, otras tres personas estaban en el establecimiento avícola, cumpliendo con distintas funciones.
Una empleada joven permanecía detrás del mostrador situado frente a la puerta que da a la esquina, mientras otros dos empleados tomaban nota de los movimientos de la mercadería en el interior de una caseta de madera, junto al portón que da a Peñaloza.
Armas en mano
Por ese lugar, el grupo agresor irrumpió por sorpresa. Los cuatro individuos empuñaban armas de fuego y, aunque llegaron a cara descubierta, todos ellos llevaban una gorra encasquetada en la cabeza cuyas viseras proyectaban sombra sobre sus rostros.
Entonces no está claro si el cabo Magán hizo ademán de extraer la pistola y los delincuentes tiraron primero con intención de ponerlo fuera de combate o si, sin más, todos a uno abrieron fuego sobre el policía porque matarlo y no asaltar el comercio era su verdadero cometido.
Lo cierto es que apenas empezaron los balazos, Magán retrocedió y el cliente que conversaba con él quedó expuesto, en la línea de fuego. En tanto, el empleado que cargaba con los cajones buscó refugio adentro o a un costado de la cámara, los que estaban en la caseta se echaron cuerpo a tierra y la empleada hizo otro tanto, escondiéndose finalmente detrás de un exhibidor.
Un infierno
En cuestión de segundos, el local se había convertido en un infierno. Los delincuentes apuntaban hacia Magán y disparaban sin dar cuartel al policía que, cuerpo a tierra, respondería a la agresión hasta agotar los once tiros del cargador.
En el cruce de disparos, un proyectil fue a dar en el cliente -un hombre mayor-, que había estado hablando con Magán. Paralizado, éste había quedado entre dos fuegos, pero un proyectil que le dio en la pierna derecha -le atravesó la pantorrilla-, lo devolvió a la realidad y en el acto lo quitó del medio.
Después, es posible que los integrantes del grupo también agotaran sus municiones porque, por donde habían llegado, huyeron a la carrera en dirección al este de la avenida Peñaloza.
Cuando en el local sobrevino el silencio, apenas unos y otros asomaron la cabeza, pudieron ver que Magán yacía en el suelo, herido de muerte. Quienes primero se acercaron al infortunado policía pudieron observar que uno de los proyectiles le había atravesado el cuerpo, de lado a lado, pero posteriormente, en el hospital Cullen se escucharía decir que en la espalda del hombre habían contado otras dos o tres heridas de bala.
A ese nosocomio también fue llevado para recibir asistencia médica el cliente que se hallaba junto al suboficial cuando se desató el tiroteo. Este hombre que fue alcanzado en la pierna derecha por un proyectil de grueso calibre estaría fuera de peligro, pero para reponerse deberá guardar muchos días de cama, se comenta.
Conjeturas
El cabo Magán trabajaba en la Comisaría Especial de Casa de Gobierno, y tenía un padre policía, mientras un hermano suyo también formaría en la repartición, más precisamente, en la Dirección de Drogas Peligrosas.
Este último no es un dato menor desde que, según se sabe, mientras nada se conoce acerca de la identidad y actual paradero de los asesinos, trascendió que distintas comisiones de la URI andan tras los pasos de algunos adolescentes que integran un poderoso clan familiar que, de varios años a esta parte, hace del tráfico de drogas su medio de vida.
Si la inesperada presencia de un cabo de policía abortó una tentativa de asalto o si acaso la banda que atacó no tenía otro cometido que ultimar a ese hombre, es algo que está por verse. Por de pronto, sólo sabemos que los presuntos asaltantes no dijeron una sola palabra, ni antes, ni durante, ni después de los balazos. Tampoco dieron un solo paso en dirección a la caja registradora y, tan presto vieron caído a su oponente se replegaron, supuestamente, en dirección al barrio San José. De ellos, sólo quedaron como recuerdo los numerosos agujeros de bala que perforaron las vidrieras, los exhibidores, la cámara frigorífica y la caseta donde se refugiaran los empleados de la casa.
Conferencia
Mañana, a las 11, los comerciantes de avenida Peñaloza darán una conferencia de prensa para abordar detalles referidos a la problemática de la inseguridad en la zona. La invitación se hace extensiva a los vecinos del sector. La cita es en un local de electrónica de avenida Peñaloza y Estanislao Zeballos.
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