SHELL DESMIENTE QUE VENDA LA FILIAL ARGENTINA
Shell desmintió la venta de su filial argentina. “La posibilidad se evaluó, pero hace 15 a 20 días se llegó a la conclusión de que la compañía seguirá firme en la Argentina: no nos vamos”, dijo el titular de la empresa en el país, Juan José Aranguren.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aseguró el martes pasado que la petrolera estatal de su país, PDVSA, estaba negociando la compra de la filial argentina de Shell. “Estamos en adelantadas conversaciones, ya que hay un interés común —dijo el mandatario venezolano—. Shell está retirando inversiones de América latina y nosotros queremos invertir en la región”.
“En 2004, la empresa informó una serie de ventas”, señaló Aranguren ayer a Clarín, explicando las razones por los cuales en el sector petrolero se dio por sentada desde el año pasado la retirada de Shell de América latina. “Se vendieron las estaciones de servicio de Venezuela y el negocio de combustibles de Perú, pero simultáneamente, en octubre se anunció que la compañía ratificaba que permanecería en Brasil y Centroamérica”
Las versiones en ese entonces apuntaron hacia Argentina y Chile, en un contexto en el cual Shell debió hacer un fuerte reajuste en las declaración de reservas petroleras probadas que había presentado ante las autoridades bursátiles de EE.UU., lo que tuvo un fuerte impacto en sus balances.
Se habló de que la angloholandesa pedía 1.000 millones de dólares por la filial argentina. El ministro de Energía de Venezuela, Rafael Ramírez, también titular de PDVSA, dijo la semana pasada cuando se le preguntó si pagarían esa cifra por las estaciones de servicio de Shell en la Argentina: “Estamos discutiendo el precio, pero me parece que esa cifra es demasiado alta”.
Shell llegó al país en 1914. No tiene aquí campos petroleros, sino que compra crudo y lo procesa en su refinería, una de las más modernas del país, con capacidad de 100.000 barriles por día. Y posee una red de 930 estaciones de servicio. La facturación en 2004 rondó entre 1.300 y 1.400 millones de dólares.
“Es verdad que se analizó el caso argentino —reconoce Aranguren—. Se discutió en la matriz qué daba más valor a los accionistas, si seguir adelante con la operación o venderla a un tercero. Pero hace entre 15 y 20 días se tomó una decisión: Shell seguirá en la Argentina. Y lo mismo en Chile”.
Relajado, luego de un partido de golf en el que no le fue tan bien como pretendía, el ejecutivo ayer explicó las razones de esa decisión: “En 2002 y 2003 perdimos mucha plata. Pero en 2004 el rojo fue mucho menor”.
Aranguren no da mayores precisiones, pero el resultado de la empresa el año pasado fue una pérdida de US$ 15 millones, a lo que debe sumarse una deuda de US$ 92 millones con otras petroleras por crudo. “Pero tenemos confianza en que la recuperación del mercado interno, la mejoría en el poder adquisitivo, van a incrementar las ventas y en el futuro podremos volver a ganar plata”, dice el empresario. Un factor clave, reconoce, fue que en 2004 creció un 2% el despacho de naftas a nivel nacional, luego de una caída de 10 años. Claro que sigue reclamando por los precios: “En Brasil los combustibles cuestan un 50% más”, añade.
— Pero, ¿tuvieron o no negociaciones con PDVSA, como dijo Chávez?, le preguntó Clarín.
— Yo nunca supe de esas negociaciones. Y de haberlas habido, debiera haberlo sabido.
— ¿Pero llegaron a hablar con otra empresa de la venta?
— Cuando se evalúa qué hacer con una compañía, se habla con potenciales compradores, es cierto. Aunque eso no se ventile públicamente. Pero esa etapa nosotros ya la superamos. Insisto, ya está decidido: Shell no se va del país.
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