“SI A MI HIJO LE PASA ALGO NINGÚN JUEZ SE VA A HACER RESPONSABLE”
Fabián Arango es enfermero de un servicio de emergencias y como tal, siempre creyó que los problemas de la gente se resuelven con urgencia; sin embargo su lucha en Tribunales para ver a su hijo le acaba de dar una bofetada a sus creencias.
Estuvo en pareja más de 4 años, y desde que se mudó de Santo Tomé a Santa Fe el año pasado, la convivencia con su mujer “empezó a ser chocante”. La determinación de abandonar la casa que alquilaba la tomó el 6 de diciembre del año pasado, luego de que su concubina lo agrediera mientras tenía el bebé en brazos. “Me quiso apuñalar” fue lo que declaró ante los agentes de la comisaría 6ta. al momento de hacer la primera denuncia.
A partir de ese día Arango se marea por los pasillos de Tribunales intentando hallar una voz que le diga cómo debe hacer para ver a su hijo al menos “una hora por día”.
Al principio acudía a las comisarías donde dejó registrada una “constancia de separación” y otra donde se hacía “responsable por su hijo”, hasta que su concubina lo denuncia “para que le devuelva el nene”, y terminó detenido por orden de un fiscal.
Lento caminar
Con la intervención del funcionario judicial, Arango se trasladó a los Tribunales para hablarle, y explicarle su historia, la misma que contó en el juzgado de menores y de familia, en la Defensoría del Pueblo, y ante un juez correccional.
Arango afirma que su ex pareja no puede hacerse cargo del chico porque su salud mental no es buena. Relató que antes del primer problema ella “había empezado un tratamiento con un psiquiatra porque no dormía, tenía pérdida de memoria y cambios bruscos de carácter”. Todo lo que afirma lo fundamenta con referencias claras y fotocopias a través de las cuales acredita su versión.
El período de internación, sumado a un intento de suicidio con pastillas, y el severo conflicto que el enfermero mantiene con los familiares de su ex pareja derivaron en acciones legales concretas.
Ley polifuncional
Desde la fiscalía le tomaron la denuncia -hace dos meses- como un caso de violencia familiar (ver aparte), aunque en la audiencia que tuvo con las autoridades, no le reconocieron su reclamo.
Arango dice que tanto en fiscalía como en el juzgado de menores no entienden por qué le negaron quedarse con el hijo, siendo que existe un informe médico en el que se detalla que la mujer es “una persona manipuladora y asume que no está apta ni capacitada para criar y cuidar a sus hijos, y que tenía ideas de muerte (de suicidio)”. Todos esos argumentos fueron desestimados por el tribunal por tratarse de fotocopias.
Como si fuera poco, el padre del chico fue demandado por alimentos y tenencia teniendo que “dejar el 25 % de mi sueldo, cuando a los pañales, ropa, medicación, alquiler, luz, teléfono, gas, todo lo pagaba yo”.
“Si a mi hijo le pasa algo ningún juez se va a hacer responsable”, dijo Arango descreído. “Me estoy hundiendo cada vez más. Todos tienen derechos, y yo entiendo que sea la madre, pero sólo tengo obligación de pagar cuentas, y no tengo derecho a ver a mi hijo. Yo por ser padre tengo obligaciones nada más”.
Hace 1 mes y medio que no puede ver a su hijo y la última alternativa a la que recurrió fue a la denuncia en un juzgado correccional, para tramitar la patria potestad que le corresponde, pero deberá esperar un poco más.
Una mirada profesional
La doctora Laura Manzi fue la primer psicóloga en integrar el equipo interdisciplinario del Centro de Asistencia a la Víctima, de la Defensoría del Pueblo, y por lo tanto una voz experimentada en vínculos de familia.
Si bien reconoció el “maltrato hacia la mujer” como uno de los problemas, aclaró que “no podemos decir que sean las víctimas más frecuentes, aunque sí las que más piden ayuda”.
A diferencia de los niños y ancianos, “las mujeres tienen la posibilidad de trasladarse y reclamar. Además hay una mayor difusión acerca de los derechos y ha cambiado la representación social acerca de ellas, por lo cual hoy denuncian y piden ayuda mucho más”.
La psicóloga dijo que “en el caso de los niños esta ayuda no puede ser pedida de manera directa”, y por lo tanto es fundamental el aporte de la escuela, un vecino, la mamá, un tío. “El maltrato hacia los niños está más invisibilizado por las características de dependencia y complementariedad que tiene con los adultos. Lo mismo sucede con el abuso sexual infantil”.
–¿Existen casos de hombres que denuncien?
–Han venido algunos pocos hombres que denuncian situaciones de malos tratos, no físicos, sino emocionales o por el abandono de las esposas hacia los chicos o hacia ellos. Pero son cifras insignificantes si las comparamos con las otras. Las estadísticas que se manejan a nivel internacional ubican el maltrato hacia el hombre en un 3 %.
De cualquier manera que las víctimas más frecuentes sean las mujeres, los niños y ancianos, tiene que ver con la distribución de poder que hoy tenemos en nuestra sociedad, pero que a lo mejor dentro de unos años cambia.
Sostener las denuncias
Las personas víctimas de violencia deben estar preparadas a la hora de radicar la denuncia, porque “no nos olvidemos que a pesar de vivir en situaciones de violencia también aman o quieren a las personas que las maltratan. Es una situación que tiene que ver con un proceso y es ahí donde intervenimos los psicólogos”.
Manzi explicó que “nuestro trabajo va más allá de la denuncia y pretende que cese la violencia, pero para eso no sólo tenemos que trabajar con cuestiones legales, sino con cuestiones afectivas, emocionales, intelectuales o cognitivas de las personas; también con pautas sociales y culturales que es necesario modificar y que son las que están sosteniendo la situación de violencia” puntualizó.
Respecto del aumento de las denuncias aclaró que “no quiere decir que haya más casos sino que la gente adopta la actitud de pedir ayuda, de desnaturalizar el problema y la sociedad está sensible a brindar ayuda y orientar”.
–¿Es común que las mismas personas reiteren las denuncias a lo largo del tiempo?
–Sí, por las características que tiene la dinámica de la violencia familiar a veces hay idas y venidas. Hay señoras que vienen una vez y después durante meses no sabemos nada de ellas. Luego reaparecen con un suceso distinto, con una toma de conciencia diferente, porque han comprobado que lo que le hemos dicho volvió a ocurrir.
Sacar ventaja
La Dra. Liliana Michelassi -secretaria de audiencias del Juzgado de Familia N° 2- fue muy clara al momento de explicar los alcances de la ley de protección contra la violencia familiar, aunque aclaró que también hay casos a través de los cuales se pretende sacar una ventaja sobre la pareja.
“Se utiliza mucho para la tenencia de hijos, y no corresponde” dijo, y reconoció que “nos ha llevado a cometer errores, porque la gente cree que puede venir y decir `yo soy la madre tengo un hijo chiquito, se lo llevó el padre y no me lo devuelve, restitúyanlo porque me dijo que me iba a pegar’. Hay que tener mucho cuidado, porque en el ejercicio de la patria potestad cualquiera de los dos lo puede tener”.
Un caso diferente se plantea cuando hay una sentencia judicial que le otorga la tenencia a uno de los padres. Allí “es posible que si hay violencia corresponda la denuncia, porque si un padre tiene adjudicada la tenencia y el otro se lo llevó y no se lo devuelve puede ser que se configure un caso”.
Otra forma de accionar es a través de demandas como las de tenencia, alimentos, de visitas, exclusión del hogar, etcétera.
Con un fuerte sentido de la responsabilidad Michelassi remarcó que “además de existir, la violencia tiene que ser demostrada, porque si no se corre el riesgo de cometer muchísimas injusticias. En ese sentido el tema está muy bastardeado”.
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