Si es intenso, es bueno
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OPINIÓN. En Rafaela se realiza, anualmente, uno de los festivales más importantes de Latinoamérica y, por lo demás, de los más intensos del mundo por estar de este lado del planeta, el sur, en donde para existir hay que hacer un esfuerzo descomunal sacándole arte a las piedras.
“¿Quién resistirá cuando el arte ataque?”. Luis Alberto Spinetta
Una puesta en escena en el Festival de Teatro de Rafaela hizo carne aquello que se preguntaba Spinetta de “¿Quién resistirá cuando el arte ataque?”. La obra “Díos” se presentó a sala llena y rebalsó cuando comenzó a desplegarse una performance en la que se expresaba una analogía con las ceremonias y rituales católicos con todo lo que ello significa: símbolos, canciones alegóricas y costumbres que pueden verse durante la misa en cualquier iglesia.
Hasta ahí todo normal y en algunos puntos cómico; hasta que apareció una imagen gigante del Papa Francisco y otra de María, la virgen. En ese momento dos artistas de la obra suben al escenario –tal como su madre y padre los trajeron al mundo, no como se acostumbra a invocar a Dios como vehículo del viaje al nacimiento- y comienzan a llenar de pañuelos verdes –en referencia al ícono de la lucha por el aborto libre, seguro y gratuito-, a las figuras santas.
Patimundos y meditatiesos, los espectadores no sabían se aplaudir, gritar o correr hacia la puerta de salida, pero no dudaron, en su mayoría, en apelar a sus celulares para compartir con el exterior de la sala la imagen que estaban viendo.
Algunos sorprendidos por el límite pasado por la imagen, otros enojadísimos e indignados por la falta de respeto a la religión católica expresada por esta compañía teatral, pero todos replicando lo que podía haber sido una anécdota. Incluso el enojo de parte del público que se sintió afectado, gravemente, ofició de difusor de una idea con la que no estaban de acuerdo ni por lejos.
Las imágenes se viralizaron, los repudios también, tanto como el repudio a los repudiantes que repudiaban y así.
La cosa es que, en cuestión de horas, La Nación, Clarín, Infobae, El Litoral, La Capital, TN, los noticieros de la TV abierta y los programas panelizados, taclearon el hecho para que no se les escabulla hacia el try y debatieron –aún siguen- los límites de la libertad, mientras mostraban el tujes desnudo de una actriz colocando un pañuelo verde sobre Bergoglio.
De pronto nos enteramos que desde hace 17 años en Rafaela se hace un encuentro de teatro, ignorado por Buenos Aires, que se hace a sala llena y que no hay censura previa porque el propio Intendente de la ciudad, dijo no saber nada de esa obra con la que no estaba de acuerdo.
Castellano es el apellido del Intendente de Rafaela y los escenarios en donde bailan mujeres en terlipes y se cuecen los programas de chimentos, suelen hacerse obras con actores y actrices que se agotan como mensaje en sí mismo. Se llama teatro y a veces –cada vez menos- suele generar sentimientos y contradicciones, además de entretener a los críos en vacaciones de invierno.
Todos tan enojados con la obra, que todos contentos con ella. Castellano, porque tuvo prensa nacional y provincial, el Festival porque se pudo conocer fronteras afueras, los activistas artistas críticos de la iglesia porque se multiplicó el efecto deseado y la figura recorrió el país y hasta el mundo. Los católicos ortodoxos que protegen las dos vidas y ahora son opositores a la política de Estado oficial, pudieron decir lo que no les gusta que pase en sitios a los cuales no concurren y la iglesia, a través de su arzobispo, pudo copar la parada y representar a alguien. Cuestión que hace mucho no pasa.
La exageración de la propuesta teatral transformó en escenario a la sociedad amplificada y si bien alguien pudo sentirse agraviado –aunque no dejó de sacar fotos y viralizarlas- terminó siendo funcional al arte, el interior del país, a Santa Fe, a Rafaela, al teatro, el intendente y la iglesia.
Acostumbrados a discutir en “Intratables” y a los gritos, lo bueno, lo malo, lo aceptable y lo inconcebible, podemos decir –desde acá- que los efectos no deseados e incontrolables, muchas veces, son más positivos de lo esperado y para todos.
Las expresiones artísticas no son para que gusten o no, son para mover la estantería. Algo a lo que la cultura, fabricada en serie, nos acostumbra a ver como extinguido.
Tanto que, para no quedar fuera del “aro, aro”, el gobierno provincial, fiel a su práctica de posar en donde no hay luz ni flash para retratar foto alguna, salió a pedir que se “garantice el derecho a expresión”. No sólo que ya está garantizada porque “Volver al Futuro” es una película y no una realidad en la que se va con un auto extraño hacia el pasado, sino porque fue aún más allá y garantizó el derecho de reproducción.
No hay intención alguna de arbitrar, moralmente, entre lo prohibido y lo permitido. De eso se encargan muchos escribas del ego inflamado.
Era interesante compartir la observación, en forma de descripción, de como las corrientes del pensamiento, la expresión es tan imparable como una inundación que desborda y excede al cauce del río.
Es como el enojo, el odio o el amor. Fluye por debajo cualquier intento de represión de la emoción. En este caso, la primera plana que ocupó en la agenda masiva este Festival hermoso de teatro que se realiza en Rafaela, se lo quitó a los amores del Kun Agüero o a la vigésima separación-reconciliación de Fede Bal y Laurita, con lo que ya es ganancia. Y de eso se trata hacer negocios, que todas las partes algo ganen. Y acá sí que el escándalo pago de forma equitativa.
Si resistís cuando el arte ataque, saldrás aún más fuerte y sano.
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