SI QUERÉS LLORAR, MIRÁ
Si es cierto aquello de que para muestra basta un botón, el primer eslabón de la Cadena de favores (domingo a las 21, por Canal 13) dejó en claro hacía qué lado se va a ir armando este collar. Una especie de juego de las lágrimas, en el que el objetivo principal sobre el que debía girar el programa —según la propia presentación— quedó encapsulado en la anécdota: el agradecimiento por un favor recibido se perdió en medio de dos historias de vida cuyo tratamiento rozó varias veces el golpe bajo.
En principio, el ciclo producido por Win TV y conducido por Verónica Lozano hace pie sobre un entramado solidario: se le da la chance a alguien de poder agradecer un gesto y, a su vez, ser parte de un favor ajeno. Hasta ahí, el planteo del programa que estrenó Canal 13 en el horario de Domínico. Además de la franja horaria, también la escenografía hacía recordar al living del programa de Nicolás Repetto —un sillón curvo, una mesita, unas pantallas planas y gigantes por detrás—, mientras que el espíritu emotivo remitía a los sueños de Sorpresa y media.
Amén de las referencias televisivas —más la coincidencia con el título de la sección de CQC—, Cadena de favores buscó un lugar en la nueva programación con un formato diferente, sólo que tomó un camino unidireccional hacia la emoción… casi sin dejarle otra opción al televidente.
Para su debut, el ciclo contó la historia de un excombatiente de Malvinas que quería darle las gracias al suboficial que durante la guerra le dio comida, abrigo y afecto. La primera pista que tuvo el público sobre la chance que tendría Julio Vázquez de darle las gracias a Rodríguez llegó recién a los 22 minutos. Hasta ahí (y luego también), imágenes de la guerra, de Galtieri, de su vuelta a las islas… Una historia de vida reflejada con tanto detalle (yendo a buscar a sus hijos al colegio, por ejemplo), que todo parecía indicar que se trataba de otro programa. Luego, el detrás de escena de cómo Vázquez dio con la dirección del suboficial. Misterio. Hasta que el implacable paso del tiempo le jugó un mala pasada: el hombre al que le quería dar las gracias estaba en silla de ruedas, con un coágulo en la cabeza, sin posibilidad de emitir palabra, en un geriátrico de Paraná.
Hasta allí viajó, en un bloque para ver con el pañuelo a mano, y quizás poblado de más imágenes que las necesarias.
En el estudio, Lozano compartía el sillón con el ex combatiente y con el invitado del día, Mario Pergolini, quien por momentos tomó las riendas del ciclo para lucirse como entrevistador, frente a una Lozano que quedó aferrada a sus apuntes de mano. En el medio, se presentó el agradecimiento de un famoso, que esta vez estuvo a cargo de Graciela Stefani. La actriz recordó el gesto de un amigo que “me bancó” en años difíciles. Y contó una historia —tan respetable como personal— que quedó como fuera de registro en ese otro marco de guerra, sufrimiento y lágrimas. Y sobre el final, se anunció que ahora Julio formará parte de un nuevo favor. Cómo, quién sabe. Habrá que esperar al domingo que viene para ver si la cadena empieza a tomar forma.
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