SI SE REALIZARAN CAMPAÑAS ANTITABACO SÓLO EL 12% DE LOS ARGENTINOS FUMARÍA EN 2034
Quince mil vidas anuales se empezarían a salvar en 30 años en la Argentina si los legisladores ratificasen hoy el tratado mundial contra el tabaco y el Gobierno siguiese impulsando ac tividades como la promoción de ambientes libre de humo, la prohibición de publicidades o las campañas para dejar de fumar.
La estimación fue dada a conocer ayer durante una conferencia organizada por la Alianza para el Convenio Marco para el Control del Tabaco, la Unión Antitabáquica Argentina y la Fundación Interamericana del Corazón.
Se pidió a los legisladores argentinos que ratifiquen el tratado cuanto antes y no dejen que la Argentina quede afuera de las negociaciones de febrero en Suiza, en la sede de la Organización Mundial de la Salud, donde se decidirán fondos para reconvertir la industria tabacalera.
Según Eduardo Bianco, cardiólogo de la Fundación Interamericana del Corazón, la combinación de la ratificación del tratado mundial con otras medidas locales de control podría bajar la prevalencia del tabaquismo en la Argentina al 12 por ciento en 2034.
Hoy, el 32 por ciento de la población en general fuma. Al bajar la cantidad de fumadores, se evitarían 15.000 muertes como consecuencia de las enfermedades asociadas al tabaco (en la actualidad se mueren 40.000 por año).
El Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación también estuvo presente en la conferencia, a través del subsecretario de programas de prevención y promoción, Andrés Leibovich: “Yo les pido a los legisladores que recapaciten. Que deberían pensar en el futuro”, dijo. Además, reconoció que sentía “un poco de vergüenza” al saber que la Argentina venía siendo “una locomotora de un tren bala” contra el tabaquismo, pero que ahora pasó a ser “furgón de cola”.
El punto principal del reclamo es que el Senado argentino rechazó en setiembre la ratificación por la presión de los legisladores de las provincias tabacaleras. Y si la negativa persiste, el país no podrá participar en las negociaciones de febrero, como sí lo harán los mayores productores de tabaco (Brasil, China e India) y otros 107 países. El presidente Néstor Kirchner había firmado el convenio en setiembre de 2003.
En la conferencia de ayer en un hotel porteño, donde también estuvieron la diputada nacional Juliana Marino, la legisladora porteña Paula Bertol, y hasta empleados de las propias empresas tabacaleras que tomaban nota en silencio, se derribaron algunos mitos que circulan sobre el tratado mundial y su aplicación.
En primer lugar —aclaró Bianco—, el tratado no va en contra de los fumadores sino que intenta apoyarlos en su adicción. Y no implicará la eliminación de la producción y venta de tabaco sino que enfatizará en su regulación en beneficio de la salud de la gente.
El economista Alejandro Ramos, comisionado por la Organización Panamericana de la Salud, afirmó que no es cierto que la ratificación del convenio generará perjuicios a la economía argentina. Porque “el sector tabacalero tiene poco impacto”. Sólo aporta 76.700 empleos en el sector primario y en el industrial. Y el tabaco sólo representa un 3,8 por ciento de la recaudación por los impuestos totales.
Tampoco es cierto que el aumento del impuesto al tabaco sea inconveniente. Según Ramos, el aumento del 10 por ciento en el precio de los cigarrillos generaría una caída del consumo del 2,65% y un aumento de la recaudación del 7,2%. Así, el Estado recaudaría 93 millones de dólares más al año.
Por si fuera poco, las “ganancias” en recaudación no superan a las pérdidas que el Estado tiene por la epidemia del tabaquismo. Se gastan 4.330 millones de pesos por año en costos directos por atención de enfermedades derivadas del tabaco y se pierden 2.335 millones de pesos por la productividad perdida por muerte prematura, según la economista Mariana Conte Grand. En definitiva, los costos del tabaquismo ni se arriman a los 3.700 millones de pesos que se consiguen por impuestos.
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