SIC FUE DEMOLEDOR Y ES TRICAMPEÓN
Ocho forwards fabulosos, un tackle demoledor en toda la cancha, una pareja de medios iluminada, un esquema de juego perfecto para una definición de éste tipo y un oportunismo asombroso. Todo eso agrupó ayer el San Isidro Club para coronar una tarde soñada, en la que ganó su tercera final consecutiva por el torneo de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) y el vigesimotercer título de su historia. Para Alumni, en cambio, fue un día negro: se quedó con las manos vacías (iba por su sexta corona) después de haber sido el mejor equipo y el más efectivo de la temporada.
Si Alumni le sacó tanto campo al resto a lo largo del año (hasta ayer sólo había perdido un partido y lideró la zona campeonato con 13 triunfos en igual cantidad de encuentros, y todos con punto bonus), el SIC hizo lo propio con su rival (el resultado fue de 36-16) en la finalísima del supersábado del rugby de Buenos Aires. El tricampeón cumplió una actuación fantástica desde el punto de vista de cómo se plantea un test. No tuvo fisuras en ninguna de sus líneas, ganó todas las batallas de los forwards, puso un candado en el centro de la cancha, Tomás De Vedia (su tryman) apoyó dos tries como un rayo, golpeó en los momentos más calientes del duelo y contó con la sabiduría del Gringo José Cilley, quien con 31 años manejó todos los tiempos del juego.
Cilley, quien no había jugado la semifinal contra Hindú por una lesión, regresó ayer con todas las luces, anotó 16 puntos y otra vez terminó como el goleador del campeonato, con 323 tantos. El ex apertura de Los Pumas usó el pie con maestría cuando su equipo tuvo el viento a favor en el segundo tiempo y hasta se dio el gusto de acertar un soberbio drop cuando el partido ya estaba definido. Más aún: le asestó un tackle demoledor al ala Matías Peri Brusa cuando se iba al try con la chapa en 26-11.
Pero el SIC empezó a ganar el test con sus forwards, quienes tras unos primeros 5 minutos a pura dinámica de Alumni, dominaron el scrum, pescaron infinidad de pelotas, utilizaron el maul en los momentos adecuados y tacklearon de un modo feroz, con Juan Pablo Angelillo, otra de las grandes figuras, a la cabeza de lo que ya es un sello del estilo que moldeó el inolvidable Carlos Veco Villegas a comienzos de los 70.
El campeón también contó con un inspirado Bruno Vitale, quien utilizó muy bien el pie en el complemento. De un sombrero suyo al cajón llegó el segundo try de Tachito De Vedia que terminó por liquidar a Alumni. Además, Marcelo Soiza y Julio Freixas fueron impasables por el medio, mientras que Federico Serra ratificó su clase con el primer try del partido, cuando una corrida suya culminó con De Vedia volando sobre el ingoal.
A Alumni no le salió una en ésta tarde de sol en la que se jugaron 6 finales y que tuvo como marco unas 10 mil personas que desbordaron las amplias tribunas del Buenos Aires C&RC. Cometió muchos errores en el manejo de la pelota, falló demasiado en el line (tres envíos torcidos y otro que robó Santiago Franzini para apoyar el cuarto try), perdió la batalla del scrum (tres free-kicks en contra sancionados por el árbitro Pablo Deluca, que no tuvo una buena labor y que debió amonestar al menos en dos ocasiones a jugadores del SIC por matar el juego) y la pareja de medios nunca estuvo en sintonía.
Sin embargo, Alumni también merece los aplausos por todo lo que hizo en la temporada. Y ese try del final de Guillermo Mazzoni quizá haya servido como un premio a un club al que sólo le faltó un paso.
Los jugadores del SIC no tienen la culpa del sistema que impusieron los dirigentes. Ellos cerraron ayer con una actuación fiel a su historia otro año inolvidable, incluida la goleada récord al CASI. Y en silencio, como siempre, demostraron que cuando se trata de una final, ellos sacan ventaja.
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