"SIEMPRE HICE LO QUE TENÍA GANAS"
Una señora con un tapado de piel negro y un caniche blanco en sus brazos le lanza un “¡ay, sos mucho más lindo en persona que en las fotos!” antes de subirse a su Mercedes Benz de los años 70. Julio Bocca agradece el cumplido de quien bien podría ser una de sus nuevas vecinas: el bailarín se mudó al piso 13 de una torre en Puerto Madero, desde donde, cuenta, disfruta de una vista amplia que no tenía en su antigua casa de Palermo Viejo. Está sentado delante de una copa de vino tinto disfrutando del solcito en uno de los bares de su flamante barrio, y bien podría pasar por un bon vivant de la zona, imagen que da la sensación de que está más cerca de volver a gozar de los placeres mundanos de cualquier civil que de seguir sufriendo la disciplina espartana que imponen las zapatillas de baile. “Antes mi vida era la danza, y ahora la danza es parte de mi vida”, confirma él. Ya se despidió de Cascanueces y hace tres meses representó por última vez una de sus obras emblemáticas, Romeo y Julieta, en Nueva York. Sin embargo, falta bastante para el retiro que recién le llegará en el 2006, cuando cumpla 40 años.
Si te quedan tres años, ¿por qué está instalada la idea de que Julio Bocca se está despidiendo?
Los periodistas a veces me preguntan ¿qué pensás hacer de acá en adelante? Yo les digo que mi idea es seguir tres años más y después retirarme. Entonces quedó como “el retiro de Julio Bocca”, no el retiro a tres años. Y de ahí en más siempre se fue manejando eso. Si me preguntan yo lo digo, y para mí es una forma de ir preparándome. Lo de Romeo y Julieta fue maravilloso, algo único. Hice esa obra con Alessandra Ferri durante 17 años, y mucha gente que fue a ver ballet por primera vez se hizo adicta después de verme ahí. Que eso se terminara fue muy fuerte para mí y el público. Me costaba mucho físicamente hacer ese personaje: es un ballet que dura tres horas, y yo ya no puedo. Lloré toda la función y me dije ¿habré hecho mal, habré hecho bien? Pero al final fue un alivio, porque sé que terminó bien. Tomé la decisión. Ya está: hay otras cosas para hacer.
¿No se hace muy triste esta lenta despedida?
No, al contrario. Es triste en el momento, porque es parte de tu vida que tenés que dejar, pero lo que busco es no estar viviendo de recuerdos, sino del presente y de lo que pueda hacer en el futuro. Por eso me interesa hacer cosas nuevas todo el tiempo. Lo de Romeo y Julieta fue el fin de una etapa de un personaje, y ahora tendrá que ser otro, quizás el Quijote, el año que viene. Y así poder despedirme de las cosas de a poco, y no de golpe. Eso sería peor. Me gusta tener tiempo de decir ya disfruté de ese personaje, ahora pasemos a otro.
¿Y este eterno retiro no puede ser interpretado como una movida comercial, a la manera de esos grupos de música que hacen giras de despedida interminables?
No, porque si así fuera haría mi último Romeo y Julieta acá, en la Scala de Milán, en el Covent Garden de Londres, en la Opera de París, y no hice eso. Lo hice en Nueva York y ya está, ya fue, nunca más. Tenemos que aprender a vivir y dejar de pensar que todo tiene un trasfondo comercial; hay también otras cosas. Uno no hizo una carrera de un año, sacó un tema de moda y trató de que ese tema siguiera diez años. Yo tengo 22 años de carrera. Hay gente a la que le gusta, gente a la que no. Pero siempre hice lo que tenía ganas, siempre he respetado a los que han trabajado conmigo, y también al público, porque siempre le he dado cosas diferentes. A veces bailé bien y otras mal, porque lamentablemente soy un ser humano, pero no pienso en lo comercial. Si en mi carrera hubiera pensado en eso, no habría creado el Ballet Argentino, ni la Fundación ni la Escuela. Me habría dedicado al American Ballet y a ir como invitado a todas las compañías grandes del mundo, y punto. Y habría seguido haciendo galas y más galas, y hace mucho que dejé eso. Estoy contento con cómo hice mi carrera, y por algo sigo vigente después de tantos años.
Algunos futbolistas, como Maradona, terminan sus carreras jugando los partidos casi sin haberse entrenado en la semana. ¿Te pasa lo mismo?
A mí nunca me gustó entrenar, siempre me costó mucho. Odiaba las clases, los ensayos, todo eso. Pero sabía que lo necesitaba para crecer, mejorar, aprender. Quizás antes ensayaba desde las diez de la mañana hasta las ocho de la noche sin ningún problema. Ahora no. Voy a mi clase, ensayo dos horas y después nada más. Además mi físico no da, no me gusta y menos cuando la obra ya está hecha: es pasarla una vez y ya está. Siempre me gustó el momento, dejarme libertades para improvisar en la función. Esa libertad es lo lindo en la danza y el arte. Entonces ahora ensayo mucho menos. Si es una obra nueva le dedico un poco más de tiempo; si no, no. Me entreno hasta que sé que puedo dar lo correcto. Después descanso porque a la noche tengo que estar al ciento por ciento arriba del escenario. No me da para más: tengo 36 años, siete operaciones… Eso ya lo hice. La gente joven de la compañía sí trabaja hasta la noche: están empezando, entonces tienen que hacerlo por aprendizaje. Y yo trato de traer diferentes profesores y coreógrafos de afuera para que eso les dé el incentivo de practicar seis horas, y que no resulte algo monótono, como un trabajo, sino que sea un placer. Que es como tiene que ser para un bailarín: elegís esto porque te gusta, no porque vayas a ganar dinero porque se sabe que no es así. Con el sacrificio que tenés que hacer con esta carrera, si no te gusta, olvidate, es imposible poder llegar a alguna parte.
Declaraste que después de retirarte te gustaría dedicarte a la actuación. ¿Mantenés esa idea?
Me gustaría, pero recién cuando llegue ese momento veré. Quizás haya un año en el que no haga un carajo, o quizá paso un mes sin hacer nada y después no me aguanto. Lo bueno es que no sólo hice una carrera sino que a través de eso generé otras cosas, y tengo la compañía y la escuela para seguir dirigiendo. Además, soy socio en el teatro Maipo con Lino (Patalano, su representante). Si él de acá a tres años quiere estar en un lugar tranquilo y no en la oficina, puedo ser yo quien esté ahí, trabajando esas 12 horas.
¿Te ves como empresario?
Sí, me gusta organizar, ir a hablar, tratar de conseguir cosas. Nunca fui una persona de hacer relaciones públicas, y sé que un empresario hace totalmente lo contrario. Y quizás me guste, ir a un cóctel y tomar una copita de champagne, pero relajado, sabiendo que al día siguiente no me tengo que levantar temprano ni estar en forma. A veces tengo que ir a reuniones por algún sponsor, y al principio voy con una cara de culo… Hasta que me relajo.
En un momento pediste apoyo para el proyecto de una escuela secundaria.
Sí, mi idea es tener un edificio donde pueda tener una escuela de danza, teatro, comedia musical y música, mezclada con una primaria y secundaria. Que un chico venga a estudiar y el arte y el resto de la educación unidas. Yo no tuve esa posibilidad: hice la primaria, pero no el secundario, porque no daban los tiempos; tuve que elegir entre eso y mi carrera. Al principio me fascinaba, porque cuando uno es pendejo, no ir a la escuela era lo máximo, pero después te das cuenta de que hay muchas cosas que no sabés y te sentís un burro. Para este proyecto no quiero que aporte el Estado, porque prefiero que ayude a gente con menos poder que yo. Pero sí los empresarios: acá la gente de dinero no aporta a la cultura, y menos a la danza. Aporta al Teatro Colón, que ya tiene un presupuesto de 42 millones al año, un disparate para un teatro que no tiene funciones todos los días. En cualquier lugar del mundo, un teatro como ese tiene funciones de martes a domingo. Por eso, debería haber una ley de mecenazgo para que los empresarios apoyaran a la cultura.
Hablando del Teatro Colón…
Te corto antes de que termines la pregunta: del Colón no quiero hablar para no darle ni siquiera publicidad.
Lo que te iba a decir es que tu conflicto con el Colón viene de la gestión anterior (el director era Emilio Basaldúa) y cambiaron las autoridades.
Sí, cambiaron las autoridades generales, pero los directores del ballet son los mismos. Y teniendo un teatro maravilloso, mantenido por el pueblo, la estructura que hay lamentablemente es la misma… Me habría gustado hacer un ballet de repertorio ahí, también despedir a Romeo y Julieta. Pero tampoco quiero ir y hacerme mala sangre por las trabas burocráticas que te ponen. Es así y no veo que vaya a cambiar.
¿Por qué estás instalado en el imaginario argentino como “el” bailarín?
Surgí en una época donde no había nada nuevo: ya Maradona y Vilas estaban. Y logré lo que quería: que la danza fuera más popular, haciendo locuras como dar funciones al aire libre o ir al Luna. Mostré una faceta más humana del bailarín y cambié la imagen que tenía la gente.
¿Pagaste algún costo por eso en el ambiente tradicional del ballet y entre los “entendidos”?
No lo sé. Todos somos iguales, de carne y hueso: comemos, vamos a cagar, meamos y los que pueden hacen el amor y los que no, una paja. ¿Por qué hay que restringir algo que es un arte y que se percibe a través de la vista y del sentimiento? No sé si habrá gente que realmente sepa cómo evolucionó la danza, cómo hay que ir a un passé, un tendu, un arabesque, y dentro de eso los diferentes estilos. Es muy injusto determinar que la danza es para cierto público, o el teatro para tal otro. Cuando se habla de arte, es para todos por igual.
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