"SIENTO QUE NUNCA ME FUI"
Parece que fue ayer. Pero no. Era junio del 99. Acababa de firmar toda la documentación de su pase al Mónaco y bajaba las escaleras desde el primer piso del Monumental con una sonrisa inflada por la emoción. Y saludaba a todos. Estaba lleno de gente. Estaban los pibes del instituto del club. Todos le decían adiós. Todos le pedían que volviese. Y él saludaba. Y decía adiós. Y decía volveré. Parece que fue ayer. Pero no. Ayer fue otro día, bien distinto. Por eso, ahí en los pasillos del estadio de River, ahí parado frente a la puerta del vestuario Angel Amadeo Labruna, ahí en la playa de estacionamiento, en su casa, ahora dice: “Estoy feliz, refeliz”, y por las dudas, por si alguien no creyera en su mirada, agrega: “Siento que nunca me fui”. Tiene la misma sonrisa inflada. Acaso por otro tipo de emoción. Acaso porque sabe muy bien Marcelo Gallardo que nunca hay que dejarse abatir por las despedidas: son necesarias para el reencuentro.
Y ayer se reencontró con River, ya de nuevo como jugador del club. Llegó bien temprano, en el vuelo de las 6.15 de Aerolíneas Argentinas, procedente de Madrid. Sólo. Su esposa Alejandra, su hijo Nahuel y el segundo que está en camino se quedaron unos días más frente al Mediterráneo francés. Desde Ezeiza fue a lo de sus padres. Y a las 11.10 ya estaba ingresando por el portón de Figueroa Alcorta. “¡Qué bárbaro! Parece ayer cuando me vendieron. Ahora quiero volver a vivir todas aquellas alegrías, todos los buenos momentos. River es mi casa. Y bueno, tenía que venir enseguida para aclimatarme lo más rápido posible”, dijo. Y sigue diciendo… Como regalando suspiros.
“¿Cómo andará este pibe nuevo? ¿Tendrá alguna chance?”, le pregunta alguien con sorna al kinesiólogo Jorge Bombichino, que se le pegó todo el tiempo porque fue el encargado de supervisar la revisión médica de rigor (por la mañana en el club; por la tarde se le completaron los estudios en un centro privado). “Yo lo veo igual que siempre. En realidad, tendría que pintarme yo el pelo de negro para tapar las canas y que todos nos viésemos como antes”, responde el hombre generando una nueva sonrisa en este Muñeco de 27 años, que por más que lo intente no puede disimular su felicidad.
El plantel almorzó ayer en el Monumental, después de la práctica en la Ciudad Universitaria y antes del ensayo vespertino en Ezeiza. Y ahí estuvo Gallardo. “Aproveché para charlar un rato con todos los muchachos, con el cuerpo técnico, con los utileros… ¿Con Salas? ¡Claro! Hablamos un poco también. Con el chileno compartimos momentos inolvidables, ojalá que podamos repetir todo aquello. Es un jugador de primerísimo nivel y estoy seguro que de nuevo le va a dar mucho a River. Yo espero que también…”
Antes de pegar la vuelta a River estuvo a punto de pasar a otro equipo de la Costa Azul, el Olympique de Marsella. Es más, el manager general de ese club, Alain Perrin, insistió esta semana en que “nada está perdido para la próxima temporada”. Y el propio Gallardo, en este sentido, agrega durante el diálogo con Clarín: “Yo tampoco cierro las puertas para volver a Europa. Para nada. Estoy al tanto de todo lo que dijeron los dirigentes del Olympique y es otra cosa que me llena de orgullo. La verdad, ahora cuando volví a Francia (el 29 de junio) después de las vacaciones, fui decidido a desvincularme del Mónaco pero nunca pensé que se podría dar esto de River. Y fue duro, eh… Fue muy duro”.
El tema es que no se terminaban de poner de acuerdo los propios dirigentes. Su técnico (Didier Deschamps) se lavó las manos, pero eso sí, fue uno de los principales opositores a la venta de Gallardo al Olympique. Conclusión: con tal de que no exhibiera su talento cerca del Principado, le pagaron lo que le debían y más todavía (tenía contrato hasta junio de 2004), y el estratega entonces llegó a River, a préstamo por un año, y con el pase en su poder.
Pero hay una nueva historia por escribir. Pasaron los 102 partidos oficiales en el Mónaco, los 18 goles, los dos títulos de campeón. Y ahora es tiempo de que todo River lo vuelva a disfrutar. “El año que viene, cuando llegue el momento, veremos. Ahora quiero vivir esto, y estoy refeliz. No veo la hora de volver a jugar”.
¿Qué número usará? “Ahora tengo que ver eso, todavía no se…” Había hablado un ratito más temprano, al llegar al aeropuerto. “Estoy con todas las ganas, me siento con todas las pilas”, había dicho. Hoy al mediodía será anunciado su retorno formalmente, en conferencia de prensa. Así como sucedió con Salas, Montenegro, Virviescas y Fernando Crosa, hoy será el turno de Gallardo junto a Vivas y Tuzzio.
Lo cierto es que otro hijo pródigo volvió. Estuvo entre las 11.10 y las 14.05 en ese mundo de sueños llamado Monumental. Después siguió con radiografías, ecografías, y todos los exámenes médicos de rigor. Hoy a la tarde volverá a vestirse de corto para formar parte del entrenamiento del equipo de Manuel Pellegrini. Ya habrá tiempo para seguir luchando por un lugar en la Selección. Ya habrá tiempo para una nueva vuelta olímpica con la banda roja y diagonal. Por ahora, como él mismo dice: “Hay que disfrutar todo ésto”. Una tímida socia del club lo escucha y lo espera. Y se lleva por fin el autógrafo con su sonrisa inflada, acaso por una conocida emoción.
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