SIGUE ENREDADO EL CASO GARCÍA BELSUNCE
Como pocos casos, el homicidio de María Marta García Belsunce explica el errático funcionamiento de la justicia argentina. Hoy se cumplen tres años del crimen del country Carmel, de Pilar, y el caso sigue enredado en una maraña jurídica, sin culpables condenados y con polémicas aún no cerradas que han encendido, quizá como ningún otro caso, el interés de la opinión pública en el detalle de la trama de la investigación.
Hoy habrá una muestra más de esos contrastes. Con 36 velas, una por cada mes transcurrido desde aquel domingo 27 de octubre de 2002, sus amigas de Missing Children, con Susan Murray a la cabeza, pedirán justicia por el esclarecimiento del caso en los tribunales de San Isidro. Será al mediodía, y las acompañará la familia de Marcos Schenone, cuyo homicidio es actualmente ventilado en un juicio oral y público en San Isidro.
En total privacidad, y en un lugar que se ha convertido, por estas horas, en el secreto mejor guardado, los familiares de María Marta y sus principales allegados harán su propia recordación; será una misa vespertina y en algún lugar de la Capital, se dice.
Como para alimentar aún más esta idea del anverso y el reverso de la trama en cuanto al crimen, apareció una primera divergencia entre los familiares y amigos de la víctima que están imputados en la causa penal.
El marido de María Marta, Carlos “El Gordo” Carrascosa, quiere ir ya a juicio oral para probar que es inocente del cargo que le ha imputado el ex fiscal de Pilar Diego Molina Pico: coautor de homicidio doloso, en su caso, calificado por el vínculo.
El resto de los imputados, a diferencia de “El Gordo”, apeló el pedido de elevación a juicio de la causa, entre los que se cuentan el hermano de María Marta, Horacio García Belsunce (h.); sus medio hermanos John e Irene Hurtig; el marido de ésta, Guillermo Bártoli; los amigos del country Nora “Pichi” Burgues de Taylor y Sergio Binello; la masajista de la víctima Beatriz Michelini, y Juan Gauvry Gordon, el primer médico que revisó el cadáver en el baño del primer piso del country.
Alberto Cafetzoglus, defensor de Carrascosa, dijo ayer a la agencia de noticias Télam que si los demás imputados continúan con sus apelaciones él pedirá a la Justicia que su cliente sea llevado a juicio cuanto antes, en una causa escindida del expediente principal, para evitar así más dilaciones.
Cafetzoglus basa su premura en la confianza: “Una relectura minuciosa del expediente me permitió detectar tremendas fallas que indican tremendos desconocimientos del derecho y de las ciencias auxiliares del derecho penal. Eso me ha dado pie para iniciar investigaciones particulares, a la espera de que los expertos me respondan para poder aportar esas pruebas en el futuro juicio oral”, dijo a la agencia Télam el abogado de Carrascosa, que estuvo preso durante un mes por este caso, entre mayo y junio de 2003.
Sin embargo, para Molina Pico lo que está claro es que las pruebas recogidas en el expediente (en especial, en los primeros seis meses de investigación) sustentan su hipótesis de que Carrascosa es el coautor del homicidio, que sus familiares y amigos lo encubrieron, y que el crimen encuentra motivo en el eventual lavado de dinero del narcotráfico proveniente del mexicano Cartel de Juárez, supuestamente llevado a cabo por el marido de la víctima y por otros amigos del country de Pilar.
La familia ha denostado categóricamente tal teoría y a su autor, a pesar de la serie de circunstancias objetivas relacionadas con el hallazgo del cadáver y con los momentos inmediatamente posteriores: la limpieza de la sangre del piso, el certificado de defunción falseado para enterrar a la víctima sin previa autopsia, los llamados para evitar la llegada de la policía a la escena del hecho y la pérdida de una prueba vital: el único de los seis proyectiles que no quedó alojado en el cráneo de María Marta y que fue desechado, calificado como un “pituto”, por el inodoro.
Al tiempo que vocean su total inocencia -a pesar de aquellas circunstancias, cuanto menos curiosas- postulan una hipótesis alternativa que, sostienen, Molina Pico no ha querido investigar por su “enemistad manifiesta” con la familia de García Belsunce.
Aunque no lo dicen públicamente, su teoría es que a María Marta la mató un vigilador del country al que descubrió cuando robaba en la casa; en esa línea argumentativa -de la que aseguran poseer pruebas, que no han aportado aún al expediente, sumadas a otras que, afirman, ya constan en la causa-, colocan a un ex vecino de Carmel, Nicolás Pachelo, como supuesto partícipe de tal robo.
Pachelo ha negado siempre tal hecho, pese a ciertos indicios y principalmente a que su pasado no lo ayuda. Actualmente está preso, acusado de robos reiterados, precisamente, en casas de countries. De hecho, ya acordó con un fiscal porteño una pena de cuatro años de prisión en una de esas causas -en la modalidad de juicio abreviado-, acuerdo que aún debe ser homologado por el tribunal actuante.
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