Siguen sin encontrar al médico platense
Mario Bidinost está perdido en el Parque Nacional Calilegua y 120 rescatistas rastrillan los cerros selváticos; su esposa, Lía Constantino, está en estado de shock; creen que sobrevivió comiendo frutas y bebiendo agua del río.
LIBERTADOR GENERAL SAN MARTÍN, Jujuy.- El médico platense Mario Bidinost continuaba perdido, hasta anoche, en la selva del Parque Nacional Calilegua. Lo habían buscado desde la mañana más de 120 rescatistas, bajo una lluvia pertinaz que enfurecía los ríos, erosionaba el suelo arcilloso y provocaba derrumbes. La niebla espesa, casi compacta, tampoco ayudaba.
Bidinost se había perdido el martes de la semana pasada junto con su esposa, Lía Graciela Constantino, también médica, que anteayer fue rescatada, a unos siete kilómetros del lugar donde habían dejado estacionado el auto. Ayer continuaba internada en el hospital Oscar Orias, de esta ciudad jujeña, en estado de shock, luego de sobrevivir siete días en la selva, sin comida y con lo puesto: un short de jean, una remera y calzado de montaña.
El secretario de Seguridad de esta provincia, Jorge Zurueta, informó a LA NACION que si bien la mujer se encuentra estable, aún está delicada. “Está trabajando un grupo de psicólogos para tratar de obtener algún dato, alguna pista que nos conduzca a su esposo. Están trabajando fuerzas provinciales, nacionales y ahora también bonaerenses. Es una zona complicada y la situación climática no ayuda”, dijo el funcionario. El gobernador Daniel Scioli envió un equipo de rescatistas.
La mujer fue encontrada a la vera de un río, sentada. Apenas balbuceaba y no tenía noción del tiempo y el espacio. Deliraba. Estaba helada, pero sentía calor. Tanto que se quejaba cuando la envolvieron con una frazada.
“Es porque sufría una hipotermia crítica. En un momento empiezan a sentir calor, somnolencia”, contó a LA NACION Sebastián, efectivo de la división Rescate y Salvamento del cuerpo de bomberos de Jujuy. Fue uno de los que la abrigaron.
Los investigadores son optiministas y creen que Mario Bidinost está con vida.
“Bajamos tipo nueve de la mañana y la encontramos a las dos y media. A las seis de la tarde, más o menos, conseguimos traerla hasta acá”, continuó Sebastián. Estaba en uno de los puntos de operaciones, donde se concentran los rescatistas, muy cerca de donde la pareja había dejado estacionado el auto, en la ruta 83, que atraviesa la selva.
¿Cómo la mujer había llegado tan lejos? ¿Cuánto tiempo había caminado? Tres días, quizá cuatro, calculó el bombero.
La desaparición
El matrimonio había salido el martes 21 a las 8.30 de la Posada del Sol, donde se alojaban. Subieron al auto que habían alquilado, recorrieron 35 kilómetros y se detuvieron frente a un monolito que recuerda la inauguración de la ruta, donde comienza uno de los senderos que se disponían a recorrer: el camino del cielo. A la mañana siguiente, cuando la mucama fue a la habitación de los médicos platenses, encontró que estaba todo tal cual ella lo había dejado.
Avisaron a la policía. Luego también lo hizo la empresa que les había rentado el auto. Incluso, como informó LA NACION, un empleado de la empresa de alquileres entró en el Facebook de la médica y les escribió a algunos amigos para averiguar si sabían algo del paradero de la mujer. Sus amigos la llamaron por teléfono. Atendió un policía. Les dijo que el auto había sido encontrado abandonado en el Parque Calilegua.
Las hijas del matrimonio, Aldana, de 25 años, y Yamila, de 27, enseguida viajaron desde La Plata, donde vive la familia, hasta Jujuy. La búsqueda ya había empezado. Aún hacía calor. Un calor húmedo y plomizo, casi bajo el trópico de Capricornio. La temperatura cambiaría drásticamente el fin de semana, cuando empezó a llover y bajó la temperatura.
Los rescatistas que encontraron a Lía contaron a LA NACION que si bien la mujer deliraba, por momentos, mientras trepaban la selva montañosa hacia la ruta 83, soltaba frases sueltas referidas a lo que podría haber pasado ese martes, ocho días antes. “Mi marido fue al baño”, dijo la mujer.
Al parecer, el matrimonio trepó al sendero y cuando su esposo quiso separarse para orinar, cayó. No está claro si la mujer también cayó. De todas formas, pudo llegar al auto y escribir con el dedo en el vidrio sucio del acompañante: “Ayúdenme”, contó a LA NACION Zureta. Luego se internó en la selva a buscar a su esposo.
Al principio escuchaba su voz, contó Sebastián. Pero acaso el eco la confundía, porque no pudo encontrarlo. Después dejó de escucharlo y empezó a caminar sin rumbo en un paisaje confuso, infinito. Los rescatistas calcularon que logró sobrevivir tantos días comiendo algunas frutas y tomando agua de los ríos. Anteayer, después de varios días de búsqueda, encontraron una media de la mujer y, más adelante, un mensaje que la médica grabó en una piedra, contó a LA NACION otra rescatista, Melina.
El mensaje decía, o dice, porque aún debe estar allí: “Los indígenas me dejaron morir. Lía”. Nadie entendió el mensaje. Melina ensayó una explicación: “Quizás fue el estado en el que se encontraba. Con calor, hacía 40 grados, y sin ropa ni alimento, en medio de la selva”.
Bajo la piedra había un hueco. Los rescatistas notaron que la mujer había pasado una noche en ese refugio natural. Supusieron que había continuado caminando río arriba. No se equivocaron.
Hoy continuará la búsqueda de su esposo, no bien amanezca. El fiscal a cargo de la investigación, Ernesto Resúa, no pierde las esperanzas. “La zona selvática en la cual se perdieron hace que la supervivencia sea muy posible”, dijo.
Fuente: La Nación
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