Sin avances en la causa a un mes de la muerte de Lola
Se tomaron muestras de ADN a las tres personas que declararon ayer.A un mes de la muerte de Lola Chomnalez , el caso no mostró avances que pudiesen dar pistas concretas sobre el autor del crimen. Los diez primeros sospechosos quedaron prácticamente fuera de la causa al dar negativa la comparación de su ADN con los rastros genéticos encontrados entre las pertenencias de la adolescente de 15 años asesinada en el balneario uruguayo de Barra de Valizas.
La jueza Silvia Urioste tomó ayer declaración a tres testigos, a los que también se les tomó muestras de ADN, pero la línea de investigación parece detenida.
En declaraciones al diario uruguayo El Observador, la fiscal Gabriela Sierra aseguró que “se continúa en la investigación faltando aún diversas pericias”. La justicia uruguaya aún no contaría con la información sobre comunicaciones realizadas por la adolescente en las pocas horas en las que estuvo en Valizas.
“Los avances de la investigación no han dado hasta ahora los resultados que la familia espera”, dijo ayer el abogado, Jorge Barrera, en declaraciones consignadas por El País.
El único indicio fuerte que tiene la investigación es el rastro de ADN dejado presuntamente por el agresor en pertenencias de la joven asesinada. Pudo determinarse que pertenecen a un hombre las manchas de sangre encontradas en el pareo dentro de la mochila. Sin embargo, las comparaciones que fueron realizadas hasta el momento no sirvieron para dar con el atacante de Lola.
La joven había llegado a Valizas el 27 de diciembre pasado, en un ómnibus que la trasladó hasta ese balneario del departamento de Rocha. Allí la esperaba su madrina, Claudia Fernández; el esposo de ésta, Hernán Tuzinkevich, con un hijo de 14 años y otro, de tres. Pasado el mediodía del 28, Lola indicó que caminaría por la playa con destino al balneario más cercano, Aguas Dulces, a unos siete kilómetros. Por la forma de la costa, la vista puede ser engañada con la distancia. La joven no volvió esa tarde y su madrina realizó la denuncia en la prefectura local. En ese momento, se inició una búsqueda.
El cuerpo de la menor no fue encontrado por los policías que la buscaban, sino por un artesano y su hijo que caminaron por médanos alejados y dieron el 30 de diciembre con el cadáver semienterrado. Lola había sido asfixiada en la arena y tenía cortes compatibles con una agresión para sacarla del camino por la orilla del mar e introducirla en esa zona de médanos y monte.
La investigación estuvo a cargo de la jueza Marcela López durante la primera semana, quien se retiró del caso cuatro días antes de que finalice su turno de feria judicial. La magistrada presentó un certificado médico para abandonar la pesquisa tras quejarse en esos días de la presión recibida por parte de autoridades, policías y medios. Durante su actuación tomó declaración como indagados a la madrina y a su esposo. También pasaron por su despacho más de diez sospechosos, que llegaron esposados y se retiraron en libertad poco tiempo después.
La pista más firme que tuvo la investigación durante el trabajo de la jueza López fue un identikit del presunto sospechoso. Atrapado un albañil conocido como “el Conejo”, fue sometido a ruedas de reconocimiento, careos y pruebas de ADN. En todos los casos, el resultado fue negativo y la causa quedó frenada.
Con la aparición de la jueza Urioste, el expediente pareció tomar mayor ritmo. Especialmente al encontrarse la mochila de la joven. Faltaba el dinero que llevaba Lola, unos 2500 pesos uruguayos. La mochila estaba enterrada a diez metros del cuerpo y se tardó dos semanas en dar con esas pertenencias. No hubo búsqueda real en ese médano hasta la llegada de Urioste. A partir del ADN obtenido de la sangre en un pareo, la causa tiene un rastro para seguir. Aunque aún ni siquiera se pudo establecer el móvil del crimen.
Fuente: La Nación
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