SIN CONCESIONES
A la distancia, las voces se advierten más tranquilas, aunque las emociones vibren con la misma intensidad de hace unas horas. Mucho sufrieron los muchachos del voleibol, pero ya están en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, tras adjudicarse con tres triunfos consecutivos el Preolímpico de Caracas, el último frente a Venezuela por 3 a 0 en un estadio enardecido, con 12.000 almas que gritaban en contra.
No fue fácil; fue un año de inactividad, con luchas institucionales y de dirigentes que marginaron del contexto internacional a un equipo que pasó de la gloria al ocaso por situaciones ajenas a lo deportivo. Por lo tanto, la conquista tuvo ribetes de hazaña en medio de tanto desencanto organizativo. Por estas horas, el plantel va en camino a varios destinos: algunos estarán hoy en Buenos Aires; otros irán a reencontrarse con sus equipos en el exterior.
“Lo que vivimos en Venezuela será algo que recordaré por mucho, mucho tiempo”. La frase es de Pablo Meana, el líbero del seleccionado nacional, que conversó telefónicamente ayer con LA NACION, a punto de emprender el viaje a nuestro país.
No es casual lo que dijo Meana. El equipo nacional fue el gran protagonista del Mundial, que se efectuó en nuestro país en septiembre de 2002, con un meritorio sexto puesto, pero rápidamente pasó al olvido por el desencuentro de los dirigentes.
“Es increíble por todo lo que atravesamos; no nos merecimos sufrir tanto. Porque después del Mundial no sabíamos que iba a pasar, vivíamos con una gran incertidumbre. Lo peor fue cuando nos pusimos en el papel de dirigentes para solucionar todo y comprendimos por qué estábamos como estábamos”, señaló el jugador.
Cuando la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) suspendió a la Federación Argentina (FAV) y, consecuentemente, a todas sus selecciones, fueron los propios jugadores los que una vez más lucharon solos por sus derechos.
“Si los dirigentes jugaran como lo hacemos nosotros, es decir en equipo, no hubiéramos atravesado por ninguna crisis. Vi demasiados caprichos y luchas individuales en la etapa en la que nosotros peleábamos para que nos permitieran jugar; y así no vamos a ningún lado”, comentó Meana. Y si hay algo que dejaron bien en claro los jugadores argentinos en su paso por Venezuela fue la pasión que sienten por la camiseta celeste y blanca.
“El desafío era enorme y no lo queríamos dejar pasar; viajamos sin plata, entrenamos en condiciones para nada profesionales, pero la camiseta para nosotros está por encima de todo. Cuando terminó el partido con Venezuela festejamos como nunca, nos sacamos toda la bronca que acumulamos durante más de un año”, dijo Meana.
Ahora los jugadores anhelan que este éxito no sea en vano y que de una vez por toda la seriedad se imponga en la dirigencia nacional.
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