SIN DETENIDOS POR EL RAPTO DE NICOLÁS
Los investigadores judiciales y policiales sospechan que integrantes de la banda que secuestró a Nicolás Garnil, de 17 años, liberado anteanoche, ya habían perpetrado otros raptos. Por ejemplo, el de Cristian Ramaro, que en junio último estuvo en cautiverio una semana, hasta que su familia pagó 270.000 pesos de rescate.
Los informantes agregaron que entre los sospechosos identificados figura Cristian “El Hígado” Muñoz, que precisamente es una de las personas buscadas en la causa Ramaro. También está bajo la lupa uno de los prófugos más requeridos del país: Cristian Carro Córdoba, que antes de ingresar en el negocio de los secuestros se dedicaba al robo de bancos. Se trata de un peso pesado del hampa, que suele entrar y salir del país con facilidad. Sería el cabecilla de una banda que habría dado varios golpes.
Además de los casos de Ramaro y de Garnil, la organización habría estado involucrada en el secuestro de Pedro Ignacio Etchart; el de una mujer de apellido Pasman, que sería pariente del fiscal federal de San Martín Pablo Quiroga, y el del diseñador de veleros Germán Frers, entre otros.
Muñoz, por su parte, es un delincuente del sur del conurbano que habría cometido varios secuestros exprés con uno de los detenidos del caso Ramaro: Maximiliano “Pachu” Peñaflor. Ambos se asociaron luego con gente del norte del gran Buenos Aires para conformar una estructura delictiva más poderosa.
Nicolás estuvo 20 días cautivo: desde el 25 del mes último hasta anteanoche. Sólo una banda bien organizada puede hacer durar tanto un rapto.
El rescate
Allegados al caso aseguraron a LA NACION que en la noche del viernes último se había pagado el rescate. Ya habían intentado hacer el intercambio dos veces, sin éxito: la primera, el miércoles pasado; la segunda, el mismo viernes.
Siempre según los informantes, el padre de Nicolás debía arrojar el dinero desde un tren, cosa que no ocurrió. Por la noche, finalmente, se habría concretado el pago. Algunos voceros aseguraron que el monto fue de 80.000 pesos; otros, la mayoría, que fueron 62.000 pesos.
Sin embargo, algunos funcionarios de la policía bonaerense aseguraron que no se pagó el rescate, que la liberación se produjo por la presión que ejercieron los investigadores sobre los secuestradores.
“Los delincuentes tuvieron que cambiar la rutina cuatro veces, por las presiones. Porque los tenemos identificados desde el principio. En realidad, desde antes. Los estábamos siguiendo por otros casos, desde hace tres meses”, contó a LA NACION uno de los pesquisas.
Desde el principio
El domingo 25 del mes pasado Nicolás estaba con su madre, Susana, cuando lo raptaron. Eran las 19.40 y se dirigían a la parroquia San José Obrero, en Béccar, en el Chrysler Neón de la familia. No llegaron. Fueron interceptados por cuatro o cinco delincuentes armados que se movilizaban en un Ford Focus.
La primera llamada de los captores fue a las 23 de aquel domingo. Pedían 300.000 pesos para liberar a Nicolás. Así empezó el calvario para el adolescente; para sus padres, Carlos y Susana, y para sus hermanos: Agustina, de 19 años, y Ramiro, de 15.
Las comunicaciones continuaron. La familia pidió una prueba de vida. Entonces, los delincuentes pusieron a Nicolás al teléfono, contaron los investigadores. No fue la única prueba de vida. “Hubo otras, telefónicas, escritas y por otros medios, que no puedo revelar”, dijo una alta fuente con acceso al expediente. Concretamente, la familia recibió una carta escrita, de puño y letra, por Nicolás.
El informante agregó que en cada comunicación el captor encargado de las negociaciones transmitía a la familia algún detalle de la vida de la víctima; esto tenía un doble propósito: por un lado, que la familia supiera que estaba comunicada con los verdaderos captores, y, por otro, también era una forma de probar que Nicolás estaba vivo.
Ayer se dijo que Nicolás estuvo cautivo en dos sitios, en Pilar y en Garín. Pero una altísima fuente del Ministerio de Seguridad bonaerense dijo que siempre había estado en el mismo lugar: en una casilla a la que calificó de “inmunda”, siempre a oscuras.
Los que sí se movieron fueron los captores: conocen bien el conurbano y estuvieron en distintos partidos. Ayer, según informantes vinculados con la investigación, se realizaron varios allanamientos en el norte, en el oeste y en el sur del conurbano
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