SIN JUGAR, MARADONA FUE LA FIGURA EXCLUYENTE EN EL HOMENAJE AL PIBE
Había un gran jugador, de los que hacen correr la pelota, de los que están adelantados tres segundos al resto. Era Carlos El Pibe Valderrama, quien hasta en su propia despedida no pudo evitar su devoción por su invitado número 1: Diego Armando Maradona; siempre número 1. “Para mí es un honor y un placer que Diego haya venido. El es un grande dentro y fuera de la cancha”, dijo emocionado el homenajeado.
Tras las versiones que indicaban que no iría a Colombia, El Diez, llegó en la tarde del sábado y esa misma noche comenzó la fiesta del Pibe. Diego avisó que no estaría en el partido. Pero la rompió en la pista de baile. Con las mismas piernas con las que garabateó jugadas impensadas, danzó al ritmo de la cumbia y el mapalé, acompañado por flautas y tambores en la cena para los invitados a la despedida del fútbol del astro colombiano.
Bastante antes, Maradona había dicho a los medios: “En mi partido de despedida El Pibe me brindó su respaldo, hizo una excelente presentación y por eso no podía faltar al suyo, hubiese sido un traidor y esa palabra no figura en mi vocabulario”.
La imagen de Diego en la noche de Barranquilla eclipsó hasta a el mismo Valderrama. “No podré jugar porque tengo problemas en la rodilla por el accidente de tránsito que sufrí en Cuba. Me hubiera gustado jugar los 90 minutos aunque me muriera en la cancha, pero no me dejan estas rodillas”, explicó Maradona. Por eso, ya en la noche de ayer se acomodó en un palco del estadio Metropolitano, para dejar que todas las luces iluminarán al gran homenajeado.
A pesar de la farra nocturna, Maradona no tuvo problemas en levantarse temprano ayer para jugar al golf —como lo hace diariamente en Cuba— en el Country Club, que es el principal centro social de Barranquilla.
Este contenido no está abierto a comentarios

