Soberbio paisaje
¿Dispone de un día completo desde que asoma el sol detrás del Río Uruguay hasta que se pone allá en el Paraná? ¿Tiene nervios acerados y pies de paciencia? ¿Posee músculos sanos y ojos que mucho quieren mirar? ¿Sabe esperar y espera saber? ¿Tiene documentos al día y un día libre de toda libertad en el documento? ¿Osa caminar por la selva y trepar por las piedras? ¿Tiene un poco de aliento aún para recuperarlo todo en un segundo?
Entonces es probable que esté frente a los Saltos del Moconá, la caída longitudinal de agua más grande del mundo. Tres kilómetros de río cayendo sobre el río, porque la naturaleza es antojadiza y ostentosa. Espuma que rebalsa de alegría desde el escenario argentino para que se la beban en la platea del Brasil.Treinta metros de la hondura de un chorro que baja hacia un pensamiento profundo. El nacimiento del río Uruguay que parió a los saltos. Ningún Miguel Angel siquiera podría haberlo hecho. ¿Otra vez preguntándonos si existirá el “quetejedi”? La más absoluta sensación de que no hay nada que decir.
Después de cuatro horas y media para recorrer 90 kilómetros, con un metro ochenta de los pies a la cabeza que se parecen a una hormiga en medio de la inmensidad, se piensa que valió la pena llegar hasta donde todos los mortales tendrían que tener el derecho a pisar al menos un ratito.
El Soberbio es el pasaporte para ingresar a la más espesa selva de Misiones. Ruli, que supo como montar una agencia de viajes donde no había más que un río pasajero hace 25 años, dice que gracias a que una vez, el equipo de fútbol del pueblo empezó a progresar tanto que llegó a hacerle frente al poderoso Guaraní Antonio Franco de la capital, la gente empezó a preguntar qué era El Soberbio. Y dos décadas y media después
El Soberbio puede jactarse de que no ha sido bautizado así en vano.
Hay dos formas de ir a Moconá. Los baquianos recomiendan que sea por Brasil y no por el camino argentino, ‘por donde sólo se llega en camioneta’. 250 metros de río Uruguay a cambio de 13 pesos, en desvencijada balsa parecen muchos. De enclenque que era la movilidad, uno siente al llegar del otro lado, tras aduana poco preguntona, que no pagó nada por seguir con vida.
Después, se puede contar en un minuto lo que tarda cuatro horas. El camino por las piedras, el oxígeno de un pavimento intermitente, el calor sofocante y las ganas de llegar que más lo parecen a uno a Rodrigo de Triana. Cuánto se le hubiera ocurrido a Yupanqui por aquí! Gaúchos rubios de portugués cerrado dan pocas precisiones. Hay que seguir. Pifiar el camino hasta encontrar el correcto. Tomar el agua necesaria porque puede faltar algunos kilómetros más adelante. Y siempre seguir, como en una canción de Baglieto. Tercera velocidad. 40 kilómetros por hora. Un recodo. Segunda. Ya no se puede más. Primera entonces. Punto muerto. Piedra dura. Tosca. Tierra colorada mucha. Señalización poca. Perdón Vialidad Nacional, que no sos nada. Subida hacia el este. Desvío obligatorio. Yerro del camino. Santafesino que no entiende el idioma. Sube la temperatura, baja el cerro, dobla el auto. Frena, pide un respiro. Enciende su ventilador, dichoso de él que lo tiene.
Tiradentes do Sul que no figuraba en el mapa. Tres Passos que aparta del camino. Tenente Portela que lo retorna. Asfalto. La salvación. Es sólo un trecho. Otra tosquedad. El verde se mete en el cuerpo. El rojo en la piel. Parque Nacional. 8 reales. ¿Cómo que no aceptan pesos argentinos después de cuatro horas de safari? Gracias guardaparque piadoso. ¿Qué faltan 14 kilómetros de piedra? Por favor, basta. Pero nada de ahogarse a metros de la costa. Más ripio, más tierra, más tosca. Lianas. Es la selva más auténtica. Monos que aúllan sin dejarse ver. Ni el rubio de la propaganda de Camel se hubiera venido a filmar un comercial aquí. Para que ya está. Hay autos. Decenas de autos. Es ahí. Vienen los saltos de Yacumã, como les dicen aquí. Pronto estarán frente a nosotros. ¿Cómo que hay que bajar otros 400 metros por la selva? Ahora sí. Son ahí? No? Qué después de la piedra? Jadeos. ¿Otros 500 metros por la piedra?
Ya está. Me veo frente a Moconá. O Yacumã. O como se llame. Parado de frente al salto más largo del mundo. Está todo dicho. (las cuatro horas de regreso no serán nada).
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