SOBRESUELDOS: LA IGLESIA SE SUMÓ A LAS CRÍTICAS Y PIDIÓ TRANSPARENCIA
A la Iglesia le duelen los sobresueldos que se habrían pagado durante el gobierno de Carlos Menem a ministros y otros altos funcionarios. Pero también cree que actualmente debe haber “una mayor transparencia en la sociedad”, la cual comprende —según el sentido que suele dar la Iglesia a la expresión “sociedad”— al Gobierno, a la oposición, a todos los sectores y a la ciudadanía en general, con diferentes grados de responsabilidad, de acuerdo con el lugar que ocupan en la toma de decisiones. Aunque la referencia no incluye precisiones sobre los destinatarios del reclamo.
Las inquietudes fueron volcadas en las conclusiones de las tradicionales Jornadas Sociales de la Iglesia que anualmente organizaba su equipo de Pastoral Social y que se retomaron este fin de semana en Mar del Plata luego de un quinquenio. Las conclusiones fueron leídas por el presidente de esa comisión, monseñor Carmelo Giaquinta, ante representantes del Gobierno nacional, las cámaras empresariales y la CGT y laicos comprometidos socialmente, luego de tres días de deliberaciones en el hotel 13 de Julio, del sindicato de Luz y Fuerza.
“Necesitamos una mayor transparencia en la sociedad y nos duele saber hoy que se pagaban sobresueldos en vez de generar empleos”, leyó Giaquinta, un obispo que viene de tener duros choques con el Gobierno. El más fuerte fue hace poco más de un mes, cuando preguntó si “la locura” regirá las relaciones del Gobierno con la Iglesia y si el presidente Néstor Kirchner quiere gobernar “con la ley del chicote (látigo)”. El secretario de Culto, Guillermo Oliveri, dijo entonces que esas declaraciones “no ayudan al diálogo”.
Este fin de semana se produjo el segundo round del enfrentamiento luego de que Giaquinta lamentó en la apertura de las jornadas que “ya han pasado casi cuatro años del derrumbe y por momentos tengo la impresión de que los argentinos vivimos como si nada hubiera pasado”. Y sostuvo que “la pasividad ciudadana tiene consecuencias mucho peores que el insoportable peso de la deuda pública, que se puede renegociar, o las secuelas del terror de Estado de la dictadura, que se pueden llorar”.
Esta vez fue el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, quien le respondió. “Sólo un inconsciente o un irresponsable puede comparar la situación social actual con las consecuencias de la dictadura militar. Nos hubiera gustado escuchar al obispo hacer este tipo de declaraciones cuando los militares asesinaban gente, o cuando en los 90 se condenó al hambre y la exclusión social a millones de argentinos”, dijo con el sábado funcionario.
Ayer se le sumó la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, quien participó de las jornadas. Al tomar los dichos de Giaquinta como una directa alusión al Gobierno, afirmó que si el Gobierno “no hubiera hecho nada “la Argentina estaría incendiada”. La funcionaria pronosticó, además, que “a principios de 2006 la tasa de desempleo será de un dígito, aunque lo condicionó a que “se mantenga constante la tasa de crecimiento”.
Las conclusiones de las jornadas aluden a otros claroscuros que observa. “Las estadísticas dicen que disminuyó el desempleo durante el último año, lo cual nos alegra, pero el número de desempleados es aún alarmante”, se lee. Se reclama la definición consensuada con todos los sectores de “un proyecto de país que queremos y los valores que lo animen”. También se expresa el anhelo de “recuperar la confianza de la Argentina para que vengan inversiones y aumenten los empleos”. Se piden “políticas que promuevan la industria nacional y no permitir que la importación descontrolada deje un tendal de industrias fundidas y obreros en la calle”.
En las jornadas, hablaron también el viceministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo; uno de los jefes de la CGT, José Luis Lingeri; representantes de la UIA, y el presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), Alejandro Preusche. El encuentro se realizó bajo el lema “Una Argentina con trabajo tiene futuro”.
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