SOLIDARIDAD DE LA IGLESIA CON EL OBISPO MACCARONE
La Comisión Ejecutiva del Episcopado manifestó su compresión con el “dolor y desconcierto de nuestro pueblo” por la renuncia de Juan Carlos Maccarone al obispado de Santiago del Estero y se solidarizó con el presbítero, a quien agradeció por la labor de seis años al servicio de la pobreza”.
“La Iglesia, en la debilidad de sus hijos, es en el mundo signo de la misericordia de Dios Padre en Jesucristo. Esto nos exige día a día una constante conversión y penitencia sin temer a la verdad ni pretender ocultarla”, señala el Episcopado en un comunicado firmado por monseñor Eduardo Mirás y el cardenal Jorge Bergoglio.
La Iglesia destacó: “Sentimos en esta hora el dolor y el desconcierto de nuestro pueblo. Es el momento de renovar nuestra confianza en el poder de la gracia de Dios”.
“Nos solidarizamos con el presbiterio y el pueblo de Santiago del Estero y con ellos queremos expresar nuestro agradecimiento a la labor de seis largos años de Monseñor Juan Carlos Maccarone al servicio de los pobres y de quienes tienen la vida y la fe amenazadas. Acompañamos a nuestro hermano con afecto, comprensión y oración”, concluyó.
En tanto, el secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano, monseñor Andrés Stanovnik (Reconquista), se solidarizó también con Maccarone, pero recordó que “la coherencia de vida vale para todos sin excepción. En estos momentos difíciles y de conmoción queremos expresar, ante todo, nuestra solidaridad y acompañar con nuestra oración a toda la comunidad católica de nuestra hermana provincia de Santiago del Estero”, subrayó en un comunicado.
El obispo de Reconquista aseguró que “vivimos con profundo dolor los hechos que motivaron la renuncia de monseñor Juan Carlos Maccarone”, y rogó “a Dios, justo y rico en misericordia, por el Obispo y por quienes han estado de algún modo involucrados en los hechos que dieron lugar a su renuncia”.
Tras señalar que “los principios que rigen la vida pública de una comunidad, no deben estar disociados de los que rigen la vida privada de las personas”, sostuvo que “la coherencia de vida vale para todos sin excepción. Con más razón para aquellos a quienes se les han confiado responsabilidades de gobierno”.
“La coherencia entre lo que pienso y digo, y entre lo que digo y hago, es un don de Dios. Pidamos -reclamó- este don con humildad y perseverancia, especialmente en estos momentos para nuestros obispos, sacerdotes, diáconos y seminaristas”.
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