Sólo falta Heidi
Está escondida ahí, detrás de la sierra de Comechingones, haciéndose la distraída para atrapar a los que se caen de Córdoba, al oeste de las altas cumbres, rodada abajo. Cuando los turistas se caen para este lado, esta pequeña que está haciendo grande sin adolecer, se muestra tal cual: es la vedette del turismo sanluiseño, la Villa de Merlo.
Un amigo que le tomó el pulso a la redondez de la tierra desde ambos hemisferios dice que se parece a la española Torre Lodones. Otro amigo, que no fue mucho más allá de sus ojos, asegura que se parece a Carlos Paz. Por los precios acaso quiera emular a Zurich. Pero no. Merlo tiene identidad y pulsos propios. Y late.
Anoche, y después de 15 años según todos los diarios, ha nevado en forma. Al frío que, con su profundidad, hacía inútiles todos los abrigos, sobrevino un aguanieve menor que luego derivó en una nevisca de dimensiones. Apenas algunos “Bogart” andaban con sus sobretodos de solapas levantadas al atardecer, presagiando que pronto llovería de blanco.
Entonces Merlo se puso más linda todavía. Hace dos días todos andaban en mangas cortas, disfrutando del mote de micro clima que tiene la ciudad, pero los forasteros que ahora están dedicados a erigir muñecos de nieve en la ladera del cerro no lo pueden creer. Ellos no saben que en Merlo la amplitud térmica es menor y nadie puede convencerlos, a juzgar por lo que tienen en sus manos.
Algunos grandulones se hacen los que quieren enseñarle a sus hijos a jugar con los muñecos de nieve. Entonces los muñecos de nieve parecen cobrar vida para pedirles que no sean pavos, que ellos se dan cuenta perfectamente que los que quieren jugar son los grandulones. Otros se sacan fotos y unos más miran hacia abajo cómo desde el oeste empiezan a escampar.
Y ahí sí, Merlo, que hasta hace un rato vivía dentro de un nubarrón gigante, se despereza y se yergue bonita. Entonces muestra su calle principal dominada por los hoteles que ofrecen servicios de spa o sus restaurantes que cuecen chivitos tentadores en las puertas mismas. Exhibe su vista panorámica de toda San Luis y sus calles panzonas que se hacen sentir para caminarlas.
No obstante, como las rubias de las películas, tiene más para mostrar por fuera que por dentro. Superficial Merlo. Con muchos inversores que llegaron hace poco y quieren recuperar la inversión en menos tiempo que el que transcurrió desde que llegaron. No hará historia en el derrotero de un cronista, si no fuera por el reencuentro con algunos seres queridos. Pero conste que eso no fue gracias a Merlo.
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